Psicoanálisis del terrorismo (2a parte)

por

Camilo Ramírez Garza

 

“Lo que no comprendían era que bajo

el ropaje de esta violencia subjetiva irracional

estaban recibiendo en forma  invertida el mismo

mensaje que ellos habían enviado”

Slavoj Zizek 

 

Dice Caleb Carr en su texto: Las lecciones del terror: orígenes históricos del terrorismo internacional: “La nación o facción que recurre a la guerra contra la población civil más a menudo y con mayor furia es, probablemente, la nación o facción que más considera frustrados sus intereses y, en muchos casos, su existencia peligra” El terrorismo, tanto de Estado como de otros grupos, va encaminado a ejercer dominio y control de la población civil a través del miedo. ¿Recuerdan la campaña del entonces candidato del PAN, hoy presidente Calderón, contra otro de los candidatos, Andrés Manuel López Obrador, que rezaba que éste era un peligro para México? Lo mismo hace el mencionado candidato, pero en otro extremo, al plantear “Estaríamos mejor con…”, lanza una esperanza, como el otro el miedo, ahí en lo más elemental del sujeto, más que producir crítica pensante en los votantes. Sin embargo, no solo los gobiernos, o quienes luchan contra ellos, lo utilizan como estrategia. El miedo y la seguridad-inseguridad están en todas partes: en los medios-miedos de comunicación, las agencias de seguros, los hospitales y clínicas, no dejan de “bombardearnos” con campañas de miedo: “Porque las catástrofes y accidentes no avisan” –rezaba el slogan de un banco que ofrecía un “voluntario” seguro de vida que los clientes se ven forzados a aceptar y que difícilmente pueden cancelar llamando a los laberínticos conmutadores. “A quien no registre su línea de celular se le cortará el número”; “Si no coperas muchos niños morirán”. 

 

No es casual que sean estos tiempos, llenos de discursos sobre democracia, tolerancia, anti-violencia hacia niños y mujeres, protección al planeta y derechos humanos, donde se empleen sistemáticamente las estrategias del miedo: miedo a las catástrofes naturales, al colapso económico, a los ataques terroristas (bacteriológicos, suicidas, etc.) a los brotes de virus convertidos en pandemias. ¡Estamos en la era del miedo! “Miedo líquido” ha dicho Sygmund Bauman; éste se ha convertido en nuestra forma de pensar y actuar, sin mediación, de ahí los efectos en el cuerpo: estrés, angustia, muertes trágicas, todos bajo la lógica de la urgencia. Mientras se cree que pensamos más, que somos más desarrollados, cultural y tecnológicamente, que vamos produciendo mejores marcos legales y laborales, para “desarrollarnos” – con el peligro que implica para el poder, enfrentarse a ciudadanos críticos- se produce una involución: transformar a la gente de pensante y actuante, en temerosa: temor al fin del mundo, producto del colapso cibernético del 2YK, en el año 2000, donde el temor estaba depositado en la imposibilidad de las computadoras de leer dos cifras, pasamos al terror del colapso ecológico, al derrumbe económico mundial, hasta la más reciente, el fin del mundo en el 2012. Al quedar presa del miedo, los sujetos transforman ciertas funciones que permiten evaluar sus contextos. Como dijera Freud en “Psicología de las masas y análisis del yo” ante el contagio, la masa obra llevada por los afectos más que por la razón. El temor aplasta, hace reaccionar impulsivamente, todo es desesperación y urgencia. Lo sucedido el pasado domingo por la madrugada en la Expo Guadalupe, N.L.: ante la detonación de una supuesta arma de fuego, emergió una estampida humana, la cual terminó con la vida de cinco personas, y decenas de heridos. Podríamos decir que dichas muertes se produjeron por los efectos del temor y la búsqueda de protegerse. Paradigmático de nuestro contexto: buscando la propia seguridad nadie piensa en nadie, incluso se mata para sentirse seguro; la aniquilación del otro es mi propia seguridad, tal podría ser también el discurso del terrorismo, de Estado y del crimen organizado.  

 

camilormz@gmail.com

http://camiloramirez.jimdo.com  

 

Articulo publicado originalmente en el diario El Porvenir 5 mayo 2010