PSICOANÁLISIS DEL TERRORISMO (1ª parte)

por

Camilo Ramírez Garza


“Cualquier cinéfilo puede tener la sensación

de que ya vio todo esto en algún lado”

Slavoj Zizek 

 

El terrorismo implica golpear violentamente a los referentes y tejidos de ficción de una sociedad; referentes que intentan organizan condiciones mínimas de seguridad y bienestar que un Estado debe garantizar (Estado de derecho: salvaguardar la integridad física, la seguridad, garantías constitucionales, etc.) buscando establecer un control y dominación por el temor. Todas sus estrategias van encaminadas a golpear la seguridad, de la más básica a la más compleja. Por ponerlo en una metáfora –cosa opuesta al terrorismo: su ausencia metafórica, manifestación siempre real, cruenta e intempestiva- el terrorismo consiste en dinamitar uno a uno, todos los peldaños de la dichosa pirámide de Maslow.


A inicios del siglo XXI, en 2001, asistimos a una imagen que organizará los discursos de los años venideros: el ataque a las torres gemelas el 11 de septiembre de 2001. Un grupo de terroristas suicidas secuestraron varios aviones para estrellarlos en el corazón de New York y el Pentágono. A partir de lo cual EUA lanzó una convocatoria a sus “aliados” para una guerra contra el terrorismo, George W. Bush dijo: o están con nosotros –asumiendo el lado de la libertad, por supuesto- o en contra, del lado del terrorismo. Acto seguido enviaron tropas a Afganistán, bajo la premisa de que Saddam Hussein poseía Armas de Destrucción Masiva, armas que hasta la fecha no han aparecido, a pesar de invadir un país y producir miles de bajas de ambos lados. Las muertes singulares no cuentan en masa, son pura estadística, tanto para quienes secuestraron los aviones, como para quienes reportan las miles de “bajas”. "La muerte de una persona, es una tragedia; la muerte de miles, es solo una estadística” (Stalin)


Al hablar de terrorismo, suelen aparecer, casi instantáneamente, el cliché del cine hollywoodense- grupos extremistas de oriente buscando reivindicar su ideología de manera violenta, mediante la aniquilación del otro, de los infieles. Pero recordemos que también existe el terrorismo de Estado, también los estados han utilizado y utilizan acciones encaminadas a tener el control de las poblaciones, produciendo temor, tanto de manera abierta (privación de la libertad, desaparición, tortura, control psiquiátrico  y psicológico, presos políticos, asesinato, campañas mediáticas de desprestigio, de temor, de peligro, etc.) como silenciosa, a veces indirecta, y aparentemente inexistente, pero igualmente operante y efectiva. Cuya estrategia de terror es igualmente minar la organización social, a fin de mantener cautivos a los ciudadanos en estados de tensión constante (¿Y luego por qué el estrés?) Ahí cabe tanto el Terrorismo de Estado, como los usos que los Estados hacen del terrorismo ejercido por otros: guerra en Afganistán, usos políticos de la “guerra” que declara Felipe Calderón al narco, quebrar infraestructura nacional para dar entrada a capital extranjero etc. Son los gobiernos, con sus campañas mediáticas, solapados por cierto medos-miedos de comunicación, quienes “le sacan la vuelta” a situaciones nodales para el país, ocupados en producir miedo (campaña contra el terror del narco, de los virus, etc.) a fin de, por supuesto, como todo comercial de limpiadores: una vez planteado el terror ofrecerse como única solución para mejorarlo todo (¡Solo yo te puedo proteger!) No hay que olvidar que el terror apunta a dañar lo más elemental de la condición humana: la seguridad. Una forma de revertir algo de sus aplastantes efectos, tomar más conciencia y distancia, es considerar aquello que revela: la ilusión, a veces esperanzadora otras ingenua, de “sentirnos seguros, protegidos, desprotegidos.


camilormz@gmail.com

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*Artículo publicado en el diario El Porvenir 28 de abril 2010