Sobre la formación de los psicoanalistas[1]

Charla presentada durante el Simposium “Diálogos sobre la clínica psicoanalítica” en la mesa sobre el tema: “Ser psicoanalista: formación y devenir”  2 y 3 de junio 2009. Facultad de Psicología. Universidad Autónoma de Nuevo León. Monterrey, Nuevo León, México.

Por

Camilo Ramírez Garza*

 

“La terquedad es la razón de los tontos”

Anónimo

 

 

Mi intervención seguramente será breve, en tanto que se sabe hasta el cansancio que la formación analítica es tríadica: la propia experiencia de análisis, la lectura de textos psicoanalíticos, así como la práctica clínica con el acompañamiento y/o guía –como se le quiera ver- de la supervisión. 

Cuentan que cuando Freud fue a EUA (1909) a dar sus cinco conferencias sobre psicoanálisis,[3] le preguntaron ¿Cómo podía alguien convertirse en psicoanalista? A lo que respondió “analizando sus propios sueños”. Respuesta contundente, pues solo aquellos que han vivido la experiencia de su propio análisis, advirtiendo algunos –pues nunca se agotan del todo- de los enredos y efectos que lo dicho, imaginado, vivido, presenciado, fantaseado, amado y odiado han tenido en sí, puede conocer algo así como “las reglas del juego” que participan, no solo en los conflictos y problemas que aquejan y hacen sufrir a alguien, sino en la conformación de su persona, esos elementos que le han constituido. En pocas palabras no solo ¿por qué sufre de lo que sufre? sino también la realidad de la ilusión de su ser-siendo, su Yo, ese con el que supone que sufre, vive, se pierde, ama, odia, se encuentra. Saber todo esto, o algo de esto, y poder prestarse para escuchar a alguien advirtiendo esos efectos permite trabajar analíticamente.

Sin embargo algo que no está en la respuesta de Freud sobre como volverse psicoanalista y que le sucedió a él y a cuanta sociedad psicoanalítica ha surgido sobre la faz de la tierra es la cuestión de la filiación a un grupo. En ese sentido la respuesta habría sido tal vez la siguiente: “Si, bueno, para ser psicoanalista se requiere ser mi amigo, de preferencia uno muy lambiscón, que de preferencia piense igual que yo, porque si no podría desmayarme claro que no me desmayaría por ser poco hombre o de constitución débil, sino como una reacción defensiva ante la percepción de deseos asesinos inconscientes en mis adversarios…¡A si!, y que traigan un anillo como éste, si claro, por supuesto, que lo hayan recibido de mi beneplácito.”

Quizás  hasta alguno de sus discípulos que le acompañaron en el viaje –tal vez Ferenczi- completara la respuesta, acá secreto a voces, diciendo “También aguantar todos los chistes y pláticas del profesor durante todo el viaje en barco” Contestándole Ernest Jones, “Eso no es cierto, no se crea profesor sus chistes siempre han sido muy buenos. Ya cállate Sándor. Chin.. por qué trajeron a este güey”

Alguien comentó en facebook sobre vacas sagradas o algo así, referente a quienes participarían en éste simposio. Ese es el problema, para vacas sagradas allá en la India, aquí no. No existen, no hay vacas sagradas en psicoanálisis, de echo quien promueve o se cree una pieza hecha a mano, digna del más alto anticuario psicoanalítico, también huele igual que en changarro de antigüedades: a polvo mezclado con naftalina, no circula, solo se repite a si mismo. Esa organización entorno al saber y el método psicoanalítico no produce psicoanalistas sino súbditos en una administración de un poder que nadie tiene, pero que algunos suponen que son, producen, dispensan gente atenida a una cierta pose: decir por decir, porque así se enseña, así se ha dicho sobre el tiempo de la sesión, los dichosos 45 minutos, el cómo y cuándo hay que interpretar, señalar, confrontar, etc.….puras pendejadas que no es posible saber, sino hasta que se está trabajando, dentro del ruedo.

Entonces hasta la jerga y práctica psicoanalítica se vuelve esperada, hablamos y hablamos y  nadie entiende nada y lo que es peor no sirve nuestro trabajo.

No está mal que se expongan esas ideas sobre técnica y teoría psicoanalítica, está mal que se expongan como las únicas, “la sacrosanta forma correcta de hacer las cosas en psicoanálisis”  en lugar de revisarlas, cuestionarlas, preguntarnos por qué; ni el mismo Freud (aún  y su delicada forma de romper amistades por causa del disentimiento de ideas, expresó en Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico,[4] que dichas ideas no eran para nada una forma en la que se debía hacer tal o cual cosa, sino eran cosas que a él le habían servido, se le habían ajustado, si alguien con otra experiencia cree que se le ajustan otras cosas, adelante.

Entonces eso mal llamado setting psicoanalítico pareciera un lugar sagrado, como aquel en el que a Moisés se le solicitó quitarse los zapatos, también inamovible, pesado, viejo, de güeva, cuando es un contexto de experiencias, en donde no se sabe qué y cómo van a hablar quienes ahí se encuentran.

Mi idea sobre la formación psicoanalítica, sobre su quehacer –y seguramente será la idea de muchos- es, partir de la humildad del desconocimiento, como ese rollo socrático de “Solo sé que no sé nada” para ir al encuentro de los otros, entendiendo por otros todas esas experiencias cotidianas que se producen y suscitan en la cultura: sus malestares, conflictos,  laberintos y vericuetos, personales, familiares, institucionales, educativos… eso que se expresa en las líneas de exploración y obras de las diferentes artes, en los medios de comunicación, desde el periódico oficial hasta el vespertino amarillista, pero también en esos malestares clavados en el cuerpo y que día a día van a tocar a la puerta de médicos, curanderos, sacerdotes, videntes…y que quizás no se dirigen con el psicoanalista porque no los conocen, nadie sabe que hacen ni como lo hacen, pues ellos están muy ocupados peleándose. O como dijo un amigo, “¿Será que a la gente no le gusta el psicoanálisis o  al psicoanálisis no le gusta la gente?[5]

Y que no decir de los problemas que intenta enfrentar el estado, la delincuencia, la  pobreza, la ignorancia…no basta con decir que esto o esto otro tiene que ver con el malestar de la cultura o con el no se qué del complejo de Edipo, y que si con el gran Otro, el goce y la madre… que si Freud, Klein, Lacan…y todos sus ecuases. Sino de hacer propuestas precisas y concisas sobre determinada problemática. Que bueno que todos ellos dijeron y escribieron muchas cosas, cosas que se leen hasta nuestros días, lo lamentable y peligroso es tomar a un maestro como el hacedor de la verdad absoluta y plena, eso no es psicoanalítico.

El psicoanalista hoy no se puede formar solo en los límites estrechos de su consultorio o la sociedad secreta psicoanalítica a la que pertenece, sino salir al encuentro en la escucha humilde –saber que no sabe nada, pero que sabe algo respecto a un método, si quieren una posición singular de escucha- de eso que se produce en otros contextos y personas que no saben nada de las ideas, discursos, ni mucho menos de las vacas sagradas psicoanalíticas. Ahí donde una vaca es solo una vaca y punto. Es en esos contextos más allá del psicoanálisis, donde nos vemos realmente cuestionados sobre lo que hacemos y decimos, sobre su efectividad y propuestas. Ahí es el momento de la verdad donde no se puede todavía seguir achacando a que no nos entienden por las resistencias o a que no están analizados y que por eso no pueden comprendernos. Sino -me parece- a nuestra ineficiencia y mediocridad de ofrecer algo.  

 

 

Si en la actualidad la gente prefiere atenderse mediante otros medios psíquicos desde la medicina alternativa hasta el coaching, pasando por la gestalt, y las diversas técnicas cognitivo conductuales y la psiquiatría, etc. no basta decir que “no saben de lo que se pierden” burlarnos de que solo ven y mueven el síntoma, que solo ven el aspecto biológico de la enfermedad, que los psiquiatras son unos malditos, una reducción del sujeto, es más, que la enfermedad mental la inventaron los psiquiatras, etc. etc. etc. que si la industria farmacológica y sus ganancias millonarias,  sino de cuestionarnos de entrada, dicho sea de paso, ¿por qué no estamos haciendo nosotros esas ganancias millonarias? ¿Qué es lo que podemos proponer?

Es en esas propuestas donde el psicoanalista, como dice el titulo de la mesa, deviene, surge, hace. Pues el psicoanalista no es un ser, sino un saber hacer con ciertas características.

 

Chiste local

Considero que esta mesa es un síntoma que muestra algo muy particular de esta Facultad de Psicología (UANL): el hartazgo –al menos el mío y creo hablar por muchos- donde se habla mucho, pero hay muchas cosas huecas. No es casual que las preguntas sobre la identidad del psicólogo y el psicoanalistas ronden la formación, no menos que cómo y dónde buscar trabajo para los recién egresados. Porque se ha transmitido la idea, muy vaga por cierto, que el psicoanalista es algo que quien-sabe-como surge. Cuando es algo bastante sencillo, tan sencillo como un paletero que sale a vender paletas y no se cuestiona ¿Acaso seré paletero o un simple intento de paletero? A lo que cualquiera le preguntaría: a ver ¿Haces y vendes paletas? ¿Tienes tu carrito de paletas? Si, entonces pa´ que te detienes a pensar pendejadas, anda y vete a vender, que mientras estas aquí pensando pendejada y media sobre el ser paletero o no, hay otro que está vendiéndolas por ti, ganándote la chamba.



[1] Charla presentada durante el Simposium “Diálogos sobre la clínica psicoanalítica” en la mesa sobre el tema: “Ser psicoanalista: formación y devenir”  2 y 3 de junio 2009. Facultad de Psicología. Universidad Autónoma de Nuevo León. Monterrey, Nuevo León, México.

* Psicoanalista, escritor y comediante, ¡Valga la redundancia! Profesor y supervisor. Facultad de Psicología. Universidad Autónoma de Nuevo León. camilormz@gmail.com http://camiloramirez.jimdo.com

[2] Epígrafe añadido a posterioridad al día de la charla (3 junio 2009)

[3] Freud, S. (1910 [1909]) Cinco conferencias sobre psicoanálisis. Obras completas. Buenos aires: Amorrortu. Tomo XI., pp. 7-52.

[4] Freud, S. (1912) Consejos al médico sobre el tratamiento psicoanalítico. Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu. Tomo XII, p107 y sigs.

[5] José Héctor Mendoza Cuevas (2008) comunicación personal.