Psicoanálisis y política

 por

Camilo Ramírez Garza

 

 

A menudo se considera al psicoanálisis como un método de tratamiento psíquico exclusivamente individual; aquel que se realiza con el acompañamiento y escucha del psicoanalista. En el que la persona recostada en un diván va hablando de todo lo que aparezca en su conciencia (asociación libre) analizando los múltiples por qués, cómos, cuándos… de su vida, sus problemáticas; amores y desamores. Analizar significa separar en partes. Psicoanálisis, analizar todas esas representaciones: recuerdos, sensaciones, memorias, sueños, sufrimientos, etc. para encontrar sus sentidos y significados –personales- cómo se conjuntan e interactúan en la vida.

 

Es una experiencia personal en dónde se parte de lo que la persona (analizante) va construyendo con su decir: sus propias asociaciones, lo que relata, lo que platica y cuenta a su psicoanalista; esas singulares ocurrencias y formas de ver la vida, que tuvieron un cierto origen familiar, a veces incluso transgeneracional; un contexto social, cultural y político. Y que fueron entretejiéndole, formando su identidad, desde la que se dice: “Yo soy…” sujeta a múltiples engaños e ilusiones. Y que al analizarlas se pueden ir desmenuzando, identificando las razones “engañosas” del por qué se decide lo que se decide; por qué se sufre de esa forma; para así poder decidir más libremente acorde al propio deseo de ser y de vivir, incluso con las contrariedades propias de la vida.

 

Ahí es donde hay un punto de encuentro entre el psicoanálisis y la política, entendida ésta como la búsqueda del bien común y no como la degradación partidista a la que se supedita el bien de todos por los intereses de unos cuantos. Decíamos que los aportes del psicoanálisis no se reducen a los límites del consultorio, sino que van más allá al tomar como objeto de análisis a un grupo amplio de la población; al igual que una institución, una sociedad, un país, ¡el mundo entero! Tal amplitud no es por demás signo de una extrapolación simplista o soberbia intelectual. Sino de dotarnos como sociedad de un método con una ética honesta que nos permita reconocernos tal cual en nuestra condición humana de sujetos-sociedad-nación-mundo, vinculados a los deseosos inconfesables de poder y control; para no engañarnos más en ilusiones y espejismos. Partiendo de lo que el psicoanálisis ha descubierto de la naturaleza humana podemos explicar diversos procesos culturales, políticos y económicos de nuestro mundo, así como nuestras más grandes flaquezas y sufrimientos: la tensión existente en el sujeto entre el deseo de hacer lo que le plazca al margen de cualesquier regulación normativa ideológica, moral o religiosa, llevándole a buscar la satisfacción (pulsional) plena, en ocasiones al margen de la salud del cuerpo, encontrando la muerte, o en contraparte la legislación acertada que intente controlarnos de nosotros mismos, contenernos; y los intereses morales –posteriores en el curso evolutivo-culturales, construidos a partir de prohibiciones: parricidio e incesto; y el control de la sexualidad, vía el asco, la vergüenza, su malignidad o exclusividad reproductiva; así como la tensión entre la vida y la muerte; el control del otro como posibilidad de disminuir la angustia ante la muerte y soledad, entre otros.

 

Presenciamos grandes escenarios de lucha (guerra) y competencia por sobrevivir en mercados globales en donde todo es pensado en macro, pues lo local e individual va perdiendo la batalla ante el imponente y aplastante  poder de corporativos y monopolios, que paradójicamente se presentan como signos de desarrollo y progreso, y quien ose cuestionarlos es un retrograda. En un mundo cada vez más polarizado, se van cerrando las vías para el verdadero diálogo en el que la escucha sea primordial, más que las leyes por las leyes o las normas en sí mismas. Así, como en el sujeto lo no dicho con palabras, se expresa posteriormente en el cuerpo o como un acto realizado sin pensar; un síntoma o un sueño; así, socialmente cuando se cierran las vías para el diálogo; cuando los golpes, el dinero, y los “bienes de las macro economías” desplazan a las más pequeñas; cuando las guerras, las agresiones y las balas, así como la influencia idotizante -creadora de realidades- de la televisión, que insumen a los individuos de una sociedad a la indiferencia, a ser menos críticos y pensantes, es cuando no solamente es necesario, sino ¡inminente! Analizar detenidamente, con amplitud y profundidad nuestra sociedad, ¿Quiénes somos? Y ¿Hacia donde vamos?

 

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