Psicología criminal: dificultades entre el Ser y el Hacer

por

Camilo Ramírez Garza

 

En la antigüedad, diversos grupos disponía del sagrado -adorado y temido- tabú, regulador de lo trascendente, del “más allá”; lo permitido y prohibido, sus castigos (incesto, asesinato, robo, etc.) Poco a poco, divinidad y legislación se diferenciaron. El estado –aparentemente- laico al que subyace una Constitución. La iglesia por su parte  -aunque siempre vinculada al poder- posee códigos, preceptos y normas: penitencias y castigos (excomunión)

 

La Constitución expresa la conceptualización del ciudadano, sus derechos y obligaciones;  así como las penas para quien delinque; nombrado socialmente –y he ahí uno de sus efectos subjetivos-  como “delincuente”. Pasando del adjetivo del acto –el delito- a la idea del Ser de quien lo comete; como noción acabada y manifiesta: algo “interno” hecho “externo”. Se habla de personalidad criminal, violenta, sociopática. Conceptos psiquiátricos y psicológicos que consideran a la personalidad como algo que se desarrolla, se posee y se manifiesta; desvinculando la interacción, la inter-subjetividad, el contexto en el que se hacen las cosas.

 

Pareciera algo sin importancia: diferenciar un crimen como un ACTO en lugar de una manifestación del SER de quien lo ejecuta. Lo que se ES en vez del HACER. Decir que mató en vez de que es un asesino. La diferencia es abismal: considerar que alguien es, en vez de lo que hace, sugiere algo acabado e inmodificable, estar anclado a lo que se es, dificulta el cambio; que un niño es chiflado a que hace chifladuras en el salón; que se es alcohólico en vez de que se bebe alcohol. Por ello consideran paradójicamente que un alcohólico sigue siéndolo aún después de muchos años de sobriedad.  El ser da forma a la noción de Yo, por lo tanto a la identidad; la segunda, es solo un acto. Entonces se explica al ser en vez del hacer, reduciéndolos al funcionamiento del cuerpo -cerebro y genes- lo observable y cuantificable.

 

Se ha pasado de juzgar el delito a juzgar –psicológica y psiquiátricamente- el “alma”, “la mente”, “la psique” o “el cerebro” de quien delinque. Desarrollándose programas de evaluación, diagnóstico, re-educación y readaptación, encaminados a “hacer desaparecer” lo malo, aberrante, criminal y delincuente en cada persona. Modificándose la pena como castigo a la pena como cura, prevención y tratamiento. El ciudadano -potencial delincuente- y el  que ya lo “ES”, son vistos como pacientes a los que se debe prescribir dosis de estricta vigilancia y control en horarios, actividades educativas, laborales, recreativas y deportivas; psicoterapias y dictámenes médicos. Usualmente  responden con agresividad ante la deshumanización aplicada “por su bien”. Aunque -otra vez erróneamente consideradas- muestras fehacientes de su violencia y resistencia a la cura de su patología.

 

Los medios contribuyen con sus opiniones fortaleciendo la ignorancia, el horror y el odio. Se dice de quien delinque –o simplemente hace algo raro- que es un loco degenerado, esquizofrénico; una histérica, un bipolar; que es un enfermo mental; un perverso, psicópata o sociopata; y peor aún, ya habiendo purgado una condena: que sigue teniendo creencias extrañas, que adora o ha pactado con el diablo; que oye música satánica. Muestras de lo poco que entendemos los actos, explicándonoslo por la única y equivocada vía del Ser malo, interno y preexistente; perfil de una personalidad asesina, robadora, defraudadora, infiel, desobediente, buena. ¿Por qué lo hizo? R= “Porque es malo, es su naturaleza; porque está enfermo; es impulsivo, porque tiene déficit de atención; por un funcionamiento cerebral inadecuado; porque es del diablo, la cosa mala, el mal de ojo…”

 

Tales dificultades se vinculan con la interrogante: ¿Qué es ser? ¿Existir? ¿Simplemente somos?  ¿O es que somos-haciendo en el acto presente con sus respectivos efectos y responsabilidades, que somos cambio constante? impactan en la educación; la discriminación e intolerancia: al definir algo por el Ser-o-no-Ser se fija una imagen: bueno-malo; exitoso-looser; normal-anormal; sano-enfermo; buena gente de manos limpias o de naturaleza mala. Rasgos con los que se pretende dar cuenta del por qué alguien roba, es un ladrón; si mata es-o-era un asesino. Ser visto y pensado desde tal su-posición como única posibilidad (la mirada nos constituye, nos subjetiva) Entonces simplemente se es. La gran mentira y equivocación de René Descartes al decir “Pienso, entonces existo”

 

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