Asesinos seriales

por

Camilo Ramírez Garza

 

 

De inicio, no existe –aunque así se anuncie, enseñe y estudie- una psicología llamada “psicología criminal”, como tampoco una psicología normal o anormal, una infantil, juvenil o senectud, etc. Esas son categorías –las clasificaciones psicológicas y psiquiátricas- que reducen lo psíquico a un número de rasgos, síntomas y conductas, organizando tal o cual cosa en “nociones”. La justificación de su existencia, obedece a la necesidad de esquematizar y cuantificar (epidemiología) lo psíquico subjetivo, para así controlarlo, bajo las premisas de prevención y tratamiento. Al hacerlo, se gana en cifras y estadísticas, pero se pierde en sentido y comprensión singular, puesto que los actos humanos distan mucho de ser explicados solamente como actos producidos por una estructura y funcionamiento biológico, es decir, al ser el humano un ser simbólico, constituido por el lenguaje, lo que se hace, dice, imagina, fantasea, sueña, etc. no se entiende desde su estructura anatómica y fisiología, sino por sus implicaciones subjetivas, adscritas y generadas desde una cultura y contexto histórico determinado. La cultura funciona, no solamente como una variable sociológica más, sino como el tejido simbólico que nos arropa desde el nacimiento, y que producirá sujetos. En ese sentido, la biología nunca ha funcionado, sino como participante necesario, más no en cuanto al sentido, el dichoso “¿por qué, quién, cómo, cuándo, dónde, cuáles…?”

 

El hecho de que se produzcan (clasificaciones, perfiles, etc.) responde a la necesidad de delimitar mediante la exclusión de “ciertos grupos” que se consideran “peligrosos”. Ello no quiere decir que no existan condiciones en ciertos sujetos que cometen actos que trastornan el orden social, como asesinatos, fraudes, robos, etc. Sin embargo al pretender explicar tales actos como elementos de conductas claras y específicamente estudiadas, como expresión de patologías subyacentes en los cerebros o genes de aquellos que los cometen, dejamos de entender su sentido y su mensaje: lo que quieren decir, y manifiestan, incluso más allá de sus intenciones concientes. Pensemos, por ejemplo, en las diferencias entre una lectura literaria y una biogenética de algún aspecto de nuestra vida: amor, educación, gobernabilidad, criminalidad, etc.

 

Hablar de “los asesinos en serie” o de “El asesino en serie” pretende agrupar y describir a un sujeto por su pertenencia a una categoría, ello no implica que no se puedan presentar ciertos elementos claramente identificables: cosificación de la victima, lo que permite su seriación (se borran algunas de las particularidades de la identidad, el nombre, gustos, familia, etc.) aquel que elige para matar (en serie) solo elige a sus victimas mediante ciertos rasgos (color de pelo, genero, edad, lugar de origen, etc.) digamos que posee una relación, un vínculo, no con la persona, sino con aquello por que las elige (edad, color de ojos, raza, ropa, etc.) dándole muerte a “Eso” que le hace mirada; métodos de darles muerte; fechas, etc.

 

Por un lado, más que considerar esos actos, como expresiones de degeneración (cerebral y genética) de lo más “naturalmente sublime de lo humano”, podemos apreciar, ¿qué es lo que tales casos nos revelan sobre la psicología, absurdamente considerada como normal?:  ¿No es acaso esa seriación-cosificación que opera en el asesino en serie la misma que funciona en el negociante, vendedor, gobernante, etc. que pretenden dirigir su acción e influencia a cierto mercado, en donde los sujetos (tanto en el diseño del plan como en las estrategias ejecutadas) son reducidos a compradores, clientes, contribuyentes, usuarios? ¿No son acaso las miles de quejas de esos “usuarios” hacia la empresa, gobierno, sistema, etc. la resistencia y la manifestación de conformarse con solo ser tomados (escuchado) como cliente-negocio, sin opiniones, deseos e inquietudes…? ¿Podríamos decir que al teorizar (cifras, estadísticas, índices, presupuestos, etc.) sobre algo o alguien(es), en cierta manera se está cosificando, reduciendo un acto humano a un acto de las células, el cerebro o los genes? Como incluso se ha hecho con el Amor, al pretender realizar estudios sobre su “fisiología” cerebral –recientemente publicados; antidoping escolar; etc.

 

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