Psicoanálisis de la oficina (2a parte)

por

Camilo Ramírez Garza

 

Anteriormente señalamos “En la empresa confluyen sujetos y estructuras administrativas interactuando entre sí, encaminadas a ofrecer servicios y/o productos. Ambas –sujeto y organigrama- son estructuras simbólicas” (Psicoanálisis de la oficina. El Porvenir 27.05.2009) que en el caso de las empresas e instituciones de trabajo, conforman los lugares, puestos y relaciones -de poder y de funciones- que se establecen entre los trabajadores. Cada puesto posee funciones y tereas específicas, manejo de información y decisión, tanto horizontal como verticalmente.

Las dificultades se derivan de la dinámica que cada sujeto y/o departamento le imprimen  a su labor, -sean conscientes o no- pues no sólo van a trabajar el conocimiento y la técnica, sino personas con historia, idiosincrasia, valores, prejuicios, experiencia, amor, odio, luchas de poder, fantasías, etc. Dichas dificultades pueden ser desde una carencia de información y/o capacitación para la realización de la labor encomendada, ajustes en la organización de la tarea, desfase de funciones: p. e. quien realiza la modificación de las tareas del puesto no coincide con quien las realiza, por lo tanto puede no estar reconociendo ciertos aspectos que solo quien día a día cumple con dichas funciones, conoce y puede aportar; hasta aspectos relacionados con el manejo del poder como mecanismo de control y humillación del otro.

Esto sucede no solo a niveles gerenciales, de coordinación y supervisión, sino también de abajo hacia arriba en el organigrama. Entonces algunos problemas surgen del simple hecho de “estar por debajo” en el organigrama, que hay una autoridad a la cual se le puede adjudicar tanto la culpa como la solución; creyendo ilusoriamente que con eso se es menos responsable por las fallas de las tareas propias. Ello puede transformarse cuando hay un cambio de posición de un empleado, por ejemplo de un puesto de operador a un supervisor o gerente, entonces ahora puede emprender –pues el poder de su puesto ahora si se lo permite-  los cambios que siempre deseo desarrollar, con la diferencia de que ahora maneja más y diferentes información que antes.  “No es lo mismo estar fuera que dentro del ruedo”

Como lo que sucede en política, no es lo mismo ser oposición a ser gobierno, candidato que funcionario electo, en donde muchas dificultades son precisamente creer “ser el poder” y no que dicho poder –como en la tradición de los súper héroes de comics- viene de la mano de mucha responsabilidad. Se confunde la función simbólica del puesto con el sujeto que la ocupa, éste se cree poseedor por sí mismo del poder de decisión e información que le otorga el puesto, en correspondencia con los demás lugares del organigrama, igualmente necesarios. Se confunde entonces el poder de uso con el poder absoluto. Si alguien puede ordenar y otro obedecer, no es solo por sí mismos, sino porque hay estructuras que los rebasan y organizan, otorgando investidura y funciones que cada cual puede utilizar. Entenderlo y llevarlo a la práctica: la disparidad entre la persona y las funciones del puesto que ocupa, permite, por un lado, resolver conflictos laborales en donde se involucran cuestiones de poder (económico, de información, decisión, sexual, etc.) así como formular, replantear y utilizar las estructuras simbólicas que posee una empresa y/o institución para la consecución de sus objetivos y metas.

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