¿Qué nos dicen nuestros sueños?

 

 

por 

Camilo Ramírez Garza

 

 

 

Para el hombre primitivo no existía diferenciación entre la vigilia y el estado del dormir, donde se producen los sueños; entre los sueños y fantasías y la “realidad”. Los sueños eran considerados un vínculo privilegiado con la divinidad; en ellos se manifestaban presagios de los cuales había que estar preparado.

 

El sueño era relatado a un intérprete -hombre sabio de la comunidad- quien interpretaba el sentido del sueño para el soñante. En la tradición judeocristiana se habla de José el soñador, quien le interpretó al faraón el famoso sueño de las siete vacas gordas y las siete vacas flacas. De Galeno se sabe que utilizaba los sueños para el diagnóstico de diversos males. Dicha función de interpretar el sentido de los sueños posee un rasgo común: quién interpreta el sueño es alguien diferente al soñante. Posteriormente a partir de la reducción de la psiqué a simple efecto de reacciones del organismo, se considerarán a las imágenes del sueño simple producto del azar y de la interacción de diversas ondas, con lo cual surge el llamado sueño fisiológico.

 

No fue sino hasta inicios del siglo XX que Sigmund Freud inventó una forma para dar cuanta del sentido de los sueños. En 1900 aparece su texto Die Traumdeutung (“La interpretación de los sueños”) cuyo sentido se refiere a pasar de una lengua a otra. El soñante sueña en otra lengua –dirá Freud. Por lo que habría que investigar el sentido particular de dicha lengua; pero resulta que, a diferencia de los otros métodos que requerían de  un intérprete, en este caso el soñante mismo posee las claves –aunque lo ignore- (“El Sujeto sabe, pero no sabe que sabe”) que le llevarán a descubrir  el sentido de sus sueños: lo que le dicen sus sueños sobre sí mismo: identidad, problemáticas, deseos, angustias, etc.

 

El método psicoanalítico de interpretación de los sueños consiste en que el soñante narre su sueño al psicoanalista, éste funge como ese otro al que se le habla, en ese vínculo especial que Freud llamó transferencia, pero no es quién interpreta directamente el sueño, sino el analizante quien lo hace. Para lo cual el soñante debe de relatar su sueño, así como todo lo que a partir del mismo se le ocurra, tratando de no descartar nada, por más ilógico, sin sentido y vergonzoso que le parezca (asociación libre); y es en dichas asociaciones que se van encontrando las pistas para interpretar qué dice el sueño a partir de cómo lo dice.

 

Freud identificó dos dimensiones del sueño: el contenido manifiesto y el contenido latente. El contenido manifiesto se refiere a las imágenes del sueño que recordamos al desperar, y que en algunos casos, vamos olvidando conforme pasa el tiempo. El genio freudiano consistió en advertir la lógica en la que estas imágenes aparecen, como una particular escritura del Inconsciente, del cual el sujeto desconoce. Para lo cual planteó el mecanismo de desplazamiento, condensación y figurabilidad, qué posteriormente Jacques Lacan abordó articulándolos con nociones lingüísticas, como la metáfora y metonimia. Por su parte el contenido latente del sueño se refiere al sentido del mismo. Éste se descubriría no en la interpretación simbólica de las imágenes del sueño, a la manera de un diccionario ya constituido, como cuando alguien pregunta: “¿Qué significa cuando sueño con…agua, escaleras, dinero, mierda, etc.?” Sino en base al pasaje del relato del sueño -sus elementos en imagen- a la resonancia del relato de las ocurrencias surgidas a partir de un solo elemento o de algunas de sus partes (condensación) A la manera en la que se dicen otras cosas a parir de un mismo decir, advirtiendo otros sentidos, como en el caso del albur, las adivinanzas, refranes, adagios, etc.

 

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