¿Qué es un síntoma?

 

 

Camilo Ramírez Garza*

  

“Jamás olviden que nada de lo tocante al comportamiento

del ser humano en tanto sujeto, puede escapar

del sometimiento a las leyes de la palabra”

J. Lacan[1]

 

“El psicoanálisis no es como un sistema filosófico que

parte de ciertos conceptos fundamentales rigurosamente definidos, se sirve de ellos para abarcar la totalidad del mundo y, una vez acabado, no tiene lugar ya para nuevos descubrimientos ni mejorías. Por el contrario, permanece ligado a los hechos que se producen en su campo de trabajo, trata de resolver los problemas más inmediatos de la observación, prosigue su experiencia a tientas, siempre está inacabado, siempre dispuesto a

rectificar o a modificar sus teorías.”

 

Sigmund Freud, 1926[2]

 

 

Un síntoma es un mensaje cifrado, un jeroglífico. De ahí que la labor del psicoanalista consista en hacer-advertir al analizante qué es lo que dice dicho mensajero, así como también, quién es su destinatario. Para tal quehacer se abre una experiencia a través de la palabra que es dicha a otro (psicoanalista) al que se ama (transferencia) ¿El reto? Intentar dar cuenta de qué dice el síntoma a partir del cómo lo dice.

 

Jacques Alain Miller propone -haciendo un comentario a la famosa frase de Lacan sobre el amor- « El amor es dar algo a alguien que no lo es », “Se ama a quien se supone vendrá a responder algo a la pregunta de quién soy”[3] En ese sentido, el psicoanálisis se produce, desde y a través de la experiencia del Amor, de lo que se ama e igualmente odia, eso sin lo cual no sería posible vivir la vida.

 

La genialidad de Freud consistió en descubrir ciertos principios (condensación, desplazamiento, figurabilidad) que regulan el cómo se articulan y manifiestan dichos mensajes: ¿Qué los motiva (empuja)? Trieb –pulsión- empuje, fuerza motriz, brote ¿Qué manifiestan los síntomas, los sueños, los olvidos, los deslices al hablar, el cambiar una cosa por otra –desplazamiento-, la superstición, las creencias, el error y los chistes? ¿Cuáles son las relaciones entre estos y el deseo? En última instancia, ¿cuál es la relación entre el lenguaje y el deseo? ¿Por qué el deseo es algo que busca ser dicho, manifestarse? Y en el caso de la histeria, solo puede manifestarse como deseo frustrado

 

Dichos mecanismos del Inconsciente –condensación, desplazamiento y figurabilidad- fueron abordados por Jacques Lacan -en su retorno a Freud-[4] desde las figuras de la metáfora (condesanción) y la metonimia (desplazamiento).

 

La propuesta psicoanalítica consiste en hacer notar que a eso a lo que se le llama Inconsciente, es un saber que posee una escritura particular: formas diversas en que se presenta (p.e. las diferentes imágenes del relato de un sueño, un síntoma, un error, un olvido, etc.) Lacan planteó que “El Inconsciente está estructurado como un lenguaje” En dónde su sentido “se oculta” a quien lo porta.

“Lo que soy yo mismo no puedo verlo

Lo que veas de mi no puedo esconderlo”[5]

 

Sin por ello dejar de sufrir y padecer sus efectos: ¿No sé por qué me sucede siempre…? ¿No se qué hacer…? ¿Cómo tomar esto…? ¿Qué puedo hacer para…?

 

 

Fueron las grietas y fallas que introdujo la histeria -un padecimiento donde eso del cuerpo no se comporta como simple organismo descrito por la biología, trastocando las nociones anatomofisiológicas del mismo- las que plantearon a Freud que el cuerpo y el psiquismo, son textos en los que se puede leer “algo” más allá de las solas funciones; que hay un saber que intenta revelarse para quién pueda leerlo, a la manera de “El que tenga oídos para oír que oiga” Y que dicho saber está íntimamente ligado a los deseos, en ocasiones a los más inconfesables. No solo por su carácter, pudiéramos decir, pecaminoso, contrario a una cierta moral cultural, sino porque no hay palabras para poderlo articular, no hay forma de saber-siempre-y-todo-el-tiempo lo que se desea y cómo hay que desearlo.[6] Los humanos, para poder desear, deberán ser alienados por la cultura: para que ésta les pueda mostrar, qué y cómo hay que desear ese algo que se proponga. “No hay nada natural ni espontáneo en los deseos humanos, el cine es el arte perverso por naturaleza, no te dice que desear sino como hay que desearlo” (Zizek, S, 2006)[7]

 

“Nuestros enfermos de histeria (neuróticos) padecen de reminiscencias.

Sus síntomas son restos y símbolos mnémicos”[8] Saben, pero no saben que saben

           

Y no es solo que recuerden las dolorosas vivencias de un lejano pasado; todavía permanecen adheridos a ellas, no se libran del pasado y por él descuidan la realidad afectiva y el presente. Esta fijación de la vida anímica a los traumas patógenos es uno de los caracteres más  importantes y de mayor sustantividad práctica de las neurosis[9]  –dirá Freud.

 

Pero no solo es cuestión de estar fijado al pasado de un recuerdo que no deja en paz, porque para eso alguien podría objetar, pues que lo olvide y ya, sino de la experiencia, de vivir reviviendo esos tiempos pero no como si se tratase de solo un recuerdo, sino de algo del orden del hacer, del vivenciar,[10] sin darse cuenta aquí en el presente; quedar esclavizado a un pasado que siempre es presente y que no deja descansar para poder “pasar a otras cosas” hacer algo nuevo, diferente, disfrutar de los instantes del aquí y ahora.

 

Y si el Inconsciente es un saber ¿qué es lo que sabe?

 

Los síntomas en la histeria le fueron dando a Freud la experiencia –no de manera simple, sino a través de muchos intentos, fallas, pruebas, fracasos y constataciones por diferentes métodos[11]- las pistas para su desciframiento.

 

Dirigiéndose simultáneamente a los sueños, los olvidos, errores y lapsus, así como hacia el Witz[12] encontró similitudes entre cada uno de ellos: todos poseen un sentido cifrado y todos son expresión de deseos, deseos no manifestados en la “profundidad” del Inconsciente -¡qué quien sabe dónde sea eso!- sino en la superficie del relato que los hace discursos[13], entre lo que alguien dice (posición de hablante, hablar a otro-transferencia, cómo se toman las palabras, silencios y gestos del analista) y solo después le dice-revela lo que dijo, al escuchar la resonancia de su propio decir (posición del analizante) Pues lo que hace un analizante en sesión es hablar(se) y escuchar(se). Si conocemos sus síntomas, sueños, lapsus, recuerdos, etc. es porque estos han sido relatados, puestos en el contexto de la palabra que es dicha a “otro”, el psicoanalista a quien se le suponen quien sabe que tantas cosas…[14]

 

De ahí que la experiencia del psicoanálisis se haya iniciado cuando una paciente le solicitó enérgicamente a Freud que la escuchara[15]. Produciéndose el pasaje de una clínica de la mirada (la imagen, las suposiciones, las categorías, clasificaciones, etc.) a una clínica de la escucha de las ocurrencias.

 

Entonces Freud se encontrará en sus pacientes con algo a lo que denominará “compulsión a asociar” Al guardar silencio y dejarlos hablar entonces estos hablaban de un tema a otro, ideas que Freud mismo iba hilando, pues seguramente pensaba ¡Todo esto debe de tener algún sentido, no pueden ser casualidades no la idea, ni el orden en que son dichas!

 

Advirtiendo algo que posteriormente planteará Lacan en relación al todo ser hablante:

 

 “El hombre no piensa con su alma, como lo imagina el Filósofo. Piensa porque una estructura, la del lenguaje – la palabra lo implica – porque una estructura recorta su cuerpo y nada tiene que ver con la anatomía. Testigo (de esto) la histérica.” - Jacques Lacan. Momento justo en donde aparece la dimensión de lo Inconsciente: esos otros sentidos que se dicen sin querer decirlos, pues trascienden toda intencionalidad y voluntad de los hablantes; como cuando alguien exclama: “pero que cosas dije, qué cosas salieron de mi boca, como si esta tuviera voluntad propia”

 

Por lo tanto la labor del psicoanalista es la de un cierto lector de “eso” (al. Es, Ello decimos en castellano) que se articula en lo Inconsciente[16], que como bien ha dicho Jacques Lacan, “…es un saber estructurado como un lenguaje” y ¿Cómo es ese lenguaje?

 

Y todo esto para plantear algo tan simplemente complejo, centro de la actividad psicoanalítica: “Ello habla” (Wo es war Soll Ich werden) La cuestión es –como decíamos- conocer qué es lo que dice eso (síntoma, sueño, lapsus, error, etc.) qué nos plantea, cómo nos interroga. De ahí la cuestión de preguntarle al analizante ¿qué le plantea, qué se le ocurre a partir de su sueño, su dificultad, su problema, su pena…? ¿Cómo intenta o ha intentado explicarse “eso” que vive o vivió, lo que le aqueja…?

 

Preguntas que permiten situar un contexto propicio para que quien habla se interrogue sobre su propio decir, poder pasar del: “Fíjese que últimamente me pasa que….” A la posición de analizante que se deja interrogar por sus propias palabras. Pues “El neurótico es un enfermo que se trata con la palabra, sobre todo con la suya. Debe de hablar, contar, explicar él mismo. Freud lo define así: “asunción de la parte del sujeto de su propia historia, en la medida en que ella está constituida por la palabra dirigida a otro”… …El psicoanalista no tiene más remedio que ser el rey de la palabra. Freud explicaba que el inconsciente no es tanto profundo sino más bien que es inaccesible a la profundización consciente. Y decía también que en ese inconsciente “ello habla”: un sujeto en el sujeto trascendiendo al sujeto. La palabra es la gran fuerza del psicoanálisis.”[17]

 

Para ello el método psicoanalítico propone seguir las pistas del  cómo lo dice, es decir, cómo lo escribe (desde cuando, dónde, cómo, ante quién, que hace después…) Analizando cómo se presentan los malestares, los síntoma y las angustias se podrá entonces dar cuenta de algo del por qué se padece eso que aqueja: ¡Escuchando y siguiendo las ocurrencias del analizante! sus fallas y errores, cuando las palabras no alcanzan y se experimentan limitadas para expresar eso innombrable; los sin sentidos, los enlaces, las evocaciones, los gestos, actos y olvidos. En esa experiencia situamos el  Inconsciente: ahí donde algo falla y aparece un error,  una grieta, un impedimento, una duda que aqueja.

 

 

Según el diccionario de la real academia de la lengua española, síntoma es: un “Fenómeno revelador de una enfermedad” Así como una “Señal o  indicio de una cosa que está sucediendo o va a suceder”[18]

 

Si tomamos ambos significados, pero a la inversa –del indicio al efecto o señal de una enfermedad- nos situaríamos en el contexto psicoanalítico, pues el quehacer del analista es detectivesco. A la manera de un Sherlock Holmes, el psicoanalista –sin garantías previas ni seguridades, solo con la apuesta de su palabra y la del analizante- se arroja a la apasionante aventura de buscar en los vestigios e indicios ¡Esas ruinas vivientes que son los síntomas! las claves que permitirán conocer el sentido de ese saber cifrado.

 

Síntomas hechos de palabras

 

¿Qué es lo que se hace en psicoanálisis? o cómo en algún momento me espetó mi abuela materna: ¿De qué tanto hablas con la gente que te consulta?

 

Psicoanalizarse no es para nada una actividad simple ni fácil. A veces se considera que es una cosa sencilla, sin mucho esfuerzo. Se suele decir: “¿A qué vas ahí solo a hablar?” “Son platicas, porqué no mejor platicas conmigo” otros reclaman, piden algo: “No me dice nada…”

 

El síntoma apunta hacia un sentido que al ser descifrado permite saber qué decía, cual era su mensaje. Momento crucial donde se produce el saber, ese que decía Freud que el sujeto siempre poseyó, pero que no sabía que lo portaba. Y que le puede llevar a resolver su problema, sus conflictos, por más añejos que estos sean; momento donde aparece la cura. En ese sentido el psicoanálisis lleva al extremo la máxima evangélica que reza: “La verdad os hará libre” La verdad sobre sí-mismo, la verdad sobre el deseo.

 

De tal forma, se produce un cambio subjetivo: el sujeto pasa de ser un simple portador de un síntoma del cual no sabe el por qué, ni cómo solucionarlo, funcionando el síntoma como una entidad ajena que afecta, tomándolo por sorpresa, de ahí la queja y la victimización propia. A constituirse en lector de sus síntomas por la escucha de su propia palabra; dándose cuenta de que cuando habla también puede escucharse: algo aprehende de sí mismo, algo le es revelado (por el Ello)   

 

“…el síntoma subsiste en la medida en que está enganchado al lenguaje, por lo menos si creemos que podemos modificar algo en el síntoma por una manipulación llamada interpretativa, es decir, que actúa sobre el sentido”[19]

 

 

El Inconsciente produce saber

 

La sabiduría es un saber hacer. Diferente al conocimiento que se adquiere en las instituciones socialmente acordadas para la formación de los estudiantes: la escuela.

 

La sabiduría implica una experiencia de vida. Podríamos decir que en las escuelas se puede generar sabiduría siempre y cuando dicha actividad de aprendizaje, cada alumno se la apropie en una experiencia de vida, es decir que lo que se le enseña y aprende en las aulas lo lleve más allá de los límites de la misma; des-elitizar y des-acartonar el conocimiento, hacerlo experiencia. Hacerlo saber efectivo para solucionar cosas y principalmente para contar con un sostén de vida para realizar los deseos.

 

La sabiduría está en relación con los deseos y la experiencia de vida, con el arriesgarse pretendiendo buscar algo, aunque no se conozca a priori qué se desea encontrar, que se quiere y por qué, sino más bien dejarse encontrar por algo que atrape; seguir las pistas pero estar atento y dispuesto a seguir otros caminos, si así el rumbo deseoso lo indica.

 

La sabiduría implica espontaneidad en la búsqueda más que con la planeación y la eliminación de las contingencias. Lógicas bajo las cuales se pretende estructurar nuestra cotidianidad: que no pase nada, que no se salgan de control las cosas, eliminar los errores, los desfases, que todo pueda programarse, calendarizarse, que todo sea una situación de ganar-ganar, etc. De ahí que el miedo y la seguridad sean tan explotadas como estrategias para mover a las masas: introducir un producto, campañas políticas, consultar de opinión, desarrollo de políticas públicas, etc.

 

Si la sabiduría parte de una experiencia y no de algo programado, es de dicha experiencia de donde provendrán los indicios, las pistas que permitan sopesar y discernir lo que ha implicado dicha experiencia. Que en el caso de la experiencia psicoanalítica esta no puede ser reducida y delimitada en simples conceptos y tecnicismos como si ya todo estuviera dicho en términos de la clínica. Es la clínica la que aporta a la teoría, cuestionándola, y no la teoría la que tiene la última palabra sobre lo que le pasa al analizante. Pues como decíamos al inicio:

 

“El psicoanálisis no es como un sistema filosófico que parte de ciertos conceptos  fundamentales rigurosamente definidos, se sirve de ellos para abarcar la totalidad del mundo y, una vez acabado, no tiene lugar ya para nuevos descubrimientos ni mejorías. Por el contrario, permanece ligado a los hechos que se producen en su campo de trabajo, trata de resolver los problemas más inmediatos de la observación, prosigue su experiencia a tientas, siempre está inacabado, siempre dispuesto a rectificar o a modificar sus teorías.” Sigmund Freud, 1926

 

El cuento de nunca acabar: el análisis de las resistencias

 

El período nombrado como “el del análisis de las resistencias” dentro de la historia del psicoanálisis, en particular sobre su técnica, siempre se me ha figurado una especie de torcida de brazo, como hacerle “mano de puerco” a alguien, torciéndole el brazo, al más puro estilo de los gladiadores del arte del pancracio.  

 

La dificultad con la noción de la interpretación de las resistencias consiste en terminar siempre en un callejón sin salida, “un estira y afloja” entre la interpretación y las fuerzas que se oponen al tratamiento, a saber, las resistencias.

 

La idea por demás acartonada y formulista es más o menos la siguiente “Usted hace (sueña, dice…) pero en realidad lo que quisiera hacer es…”

 

Planteando la interpretación de que eso que se pone como síntoma, sueño, lapsus, error, etc. sería una sustitución, un simple subrogado de lo que “en verdad” se quiere, el “deseo genuino”

 

“Entonces me dí cuenta que era solo un sustituto para el niño”

 

 

Pero y ¿qué es lo que en realidad se quiere? ¿Qué es lo que sostiene dicha noción? : que los deseos son subrogados y que existe un “verdadero” deseo que no se quiere reconocer por su peligrosidad para el sujeto, o para decirlo con el mismo formulismo, para su Yo, como se quiera ver. Y que eso hace que se desplace (subrogue) en otros deseos, digamos de menor grado de veracidad y peligrosidad para la conciencia, el Yo, o ve tu a saber que otro mojigato moralizante, o de concordancia con el “verdadero deseo” supuesto por dicha teoría

 

Dicha idea de las resistencias es a menudo muy absurda, cerrada en sí misma. ¿Por qué planteo esto? Porque la idea del análisis de las resistencias requiere de una idea igualmente absurda: la ficción de verdad de que habría un deseo verdadero, ¡La otra escena! De la cual todos los demás deseos son simples copias chafas, mal hechas, simple y yana piratería del deseo; que siempre se trata de otra cosa, lo cual ubica de paso siempre al otro (al síntoma, al sueño, al lapsus, al olvido, etc.) en posición de mentiroso, de no genuino. Lo cual no es el problema, pues siempre se miente porque se habla, el error consiste en creer que si hay un deseo verdadero soporte de todos los demás, cuando lo único que hay es un vacío, un hueco, un agujero, un objeto causa de deseo (object petit a) una ausencia que posibilita el “tren” o cadena de esos infinitos deseos subrogados; la roca dura de la castración a la que aludió Freud y que según aparece al final de un análisis, que no es más que reconocer la propia falla, el error, la incompletud, la propia fealdad y pendejés, pero ya no como un problema y conflicto que jode y no deja vivir, sino como posibilidad y búsqueda creativas.

 

Desde dicha perspectiva todo deseo, tanto los considerados “verdaderos” “genuinos” como los subrogados compartirían la misma estructura: ser todos igualmente subrogados de subrogados, intentar llenar un vacío imposible de ser llenado. En ese sentido todos poseen un mismo carácter de “ser algo en vez de algo” que expresa algo -imposible decirlo sin caer en trabalenguas- que se ubica como un deseo imposible de asir y cuya característica inherente es ser limitado, de ahí la frustración.

 

 Pensemos en un caso chistoso, paradigmático, que en la clínica podría manifestarse más o menos de la siguiente manera. Supongamos que una persona nos dice algo que le sucede a menudo, resulta que cuando finalmente desea confesarle su amor a su amada, le aparece un gran temor, se le seca la boca, le tiemblan las rodillas, hasta le dan ganas de vomitar, etc. Supongamos que el presto analista toma la vía de las resistencias e interpreta dicha inhibición ¡justamente! en la línea del análisis de las resistencias -¡de la manita de puerco!- diciéndole en el más puro estilo caricaturesco: “En realidad lo que usted desea no es a esa mujer, ¡pues ella es un subrogado! sino a su madre y/o al pecho de esta”… ¡¡¡¿Y eso de qué le sirve?!!!!

 

¿Pero entonces de qué se trata? Todo es un subrogado.

 

En la idea del análisis de las resistencias se plantea que entonces la represión, esa fuerza que desaloja de la conciencia y que hace que “eso” reprimido sea sustituido por otra cosa, generando un enlace falso pero con cierto vínculo (metafórico o metonímico) con lo reprimido, se convierte en resistencia: en fuerza que ahora impide el acceso de lo reprimido. Freud lo explica cuando viene a America en 1909 haciendo alusión al símil del alumno revoltoso que hace ruido durante su conferencia, entonces le pide varios hombres vigorosos que lo desalojen y que pongan sus sillas en la puerta para que no pueda regresar, evitando el “retorno de lo reprimido o desalojado”[20] produciéndose la Verdrängun, que en lengua alemana posee doble significación: desalojo y sustitución o suplantación.

 

El objetivo es que el sujeto se sostenga en una verdad, en la verdad de su deseo, en eso que su deseo le indica, para poder decidir que hacer con dicho deseo, pues el advertir los deseos no implica tener que responder a todo y cada uno de ellos, no es un destino esclavizante el hecho de tener que decir si a todo lo que los deseos plantean en aras de una supuesta liberación pulsional, o un valemadrísmo idiota. Sino que todo, tanto el síntoma como el supuesto deseo genuino (“la otra escena”) son estructuralmente lo mismo: los dos son síntomas.

 

Al inicio del seminario 3, donde Lacan aborda la cuestión de las psicosis, comenta, de manera muy breve algo fundamental para el psicoanálisis. “El gran secreto del psicoanálisis es que no existe psicogénesis…es precisamente aquello de lo que el psicoanálisis está más alejado, por todo su movimiento, por toda su inspiración, por todo lo que introdujo, por todo aquello hacia lo que nos conduce, por todo aquello en que debe mantenernos”

 

 

Monterrey, Nuevo León,

13 de Enero 2009

 



* Psicoanalista, escritor. Profesor  y supervisor. Facultad de Psicología. Universidad Autónoma de Nuevo León. Miembro de Anemos, clínica psicoanalítica. Miembro Sociedad Mexicana de Criminología, Capítulo Nuevo León. camilormz@gmail.com   www.camiloramirez.jimdo.com

[1] Lacan, J. El Seminario de Lacan: Las Psicosis (1956) Buenos Aires: Paidós. 14ª reimpresión, 2006.

[2] En Marcuse, H. Manual de psicoanálisis. Citado por Marthe Robert, La revolución psicoanalítica, Ed. Fondo de Cultura Económica, México, 2004, quinta reimpresión (original en francés, 1964 ), pp.211

[3] Miller, J-A. On love. (2008) Entrevista, Lacan.com http://www.lacan.com/symptom/?page_id=263 To really love someone is to believe that by loving them you’ll get to a truth about yourself. We love the one that harbours the response, or a response, to our question: ‘Who am I?”

[4] El llamado “Retorno a Freud” propuesto por Jacques Lacan consiste en retomar lo fundamental de la  enseñanza freudiana, depurarla de interpretaciones ortodoxas clásicas a la manera de los post freudianos y la psicología del Yo, los cuales se encargaron de convertir al psicoanálisis en simple manejo de la resistencias.

[5] Estribillo de la canción Desfile de Antifaces del cantautor Fernando Delgadillo.

[6] Situación que le llevará a Lacan plantear que la histeria es constitutiva de lo humano, es decir, “todos somos histéricos” en el sentido de tener que articular en palabras cada uno de nuestros deseos.

[7] Documental “The Pervert’s guide to cinema” (2006) Sophie Finnes

[8] Freud, S. Cinco (1910) Conferencias de introducción al psicoanálisis. Obras Completas. Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1999, pp.13 y sigs.

[9] Freud, S. (1910) Cinco conferencias de introducción al psicoanálisis. Obras Completas, Tomo XI., pp.13 y sigs. Buenos Aires: Amorrortu, 2001

[10] Cfr. Freud, S. (1914) Recordar, repetir y reelaborar. Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu. Tomo XII, pp.145 y sigs.

[11] En dicha búsqueda Freud probó de todo con sus pacientes, desde las curas del campo en aquellos asilos apartados, versión antigua del actual “spa”, sobre alimentación, magnetoterapia e hidroterapia, hasta la hipnosis, la catarsis, la sugestión casi rayando en la amenaza  (“Si para mañana a esta hora no logra recordar…entonces no vendré más, no la volveré a ver”) la imposición en la frente, el cuestionamiento tesonero, hasta que finalmente le pidieron guardar silencio, y, entonces pudo encontrarse con eso que llamó “compulsión a asociar” a lo que dará posteriormente el nombre técnico de Asociación Libre o regla fundamental. Cfr. Freud, S. Breuer, J. Estudios sobre la histeria. Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu

[12] La palabra alemana Witz, tiene una significación amplia, se refiere no solamente a los chistes, sino al humor y lo gracioso, a la agudeza, el ingenio y lo cómico; diríamos en términos compartidos, “las madreadas” “ocurrencias” “puntadas” “carilla” “burlas” que ponen “el dedo en la yaga” produciéndonos verdaderos ataques de risa, así como aquellos dichos agudos que con ingeniosos juegos de palabras (como en los refranes) se muestran de manera velada, sugerida, las verdades, como “Entre broma y broma…la verdad se asoma”

[13] Al inicio (tiempo de la catarsis y la su concepción sobre el trauma) -expresó Freud- partía de resolver cada síntoma reconduciéndolo a su escena traumática ocasionadora, posteriormente se abandonó a escuchar lo que la superficie del discurso del paciente le iba ofreciendo en cada sesión. Cfr. Cfr. Freud, S. Breuer, J. Estudios sobre la histeria. Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu, pp. 32 y sigs.

[14] La transferencia se detecta clínicamente de manera muy sencilla, basta con escuchar y atender cómo son tomadas por el analizante nuestras palabras, así como desde que nociones habla, revelándonos las su-posiciones que toma ante el otro, su decir, su vida, su padecer, etc. Esto no es siempre igual, es cambiante, dinámico, nunca se es siempre el mismo para otro.

[15] Cfr. Freud, S. Breuer, J. Estudios sobre la histeria. Obras Completas. Tomo II, Buenos Aires: Amorrortu.

[16] Erróneamente se ha tomado a lo Inconsciente como algo oculto y profundo, cuando el Inconsciente es una estructura exterior, es decir algo que se despliega en la superficie de lo dicho, pero no advertido, formando lo no sabido, pero que produce efectos: eso que se sigue haciendo, deseando, diciendo, sufriendo…pero que no se advierte el cómo y por qué se ha presentado así, el cómo se han sucedido las cosas para terminar en…

[17] Entrevista a Jacques Lacan, Freud per sempre (Freud por siempre) Roma, Italia. 21 de noviembre de 1974

[18] Diccionario de la lengua española. Ed. Espasa: Madrid, 2001.

[19] Lacan, J. El Seminario de Lacan: XXIII. El Sinthome. Buenos Aires: Paidós, 1ª edición castellana, 2006., p. 40.

[20] Cfr. Freud, S. Cinco conferencias de introducción al psicoanálisis. Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu

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