El método psicoanalítico

por

Camilo Ramírez Garza

 

 

“Abandoné, pues, el hipnotismo y sólo conservé de él la colocación del

paciente en decúbito supino sobre un lecho de reposo, situándome yo detrás

de él de manera a verle sin ser visto”

Sigmund Freud

 

 

La invención de la Asociación Libre por Freud tuvo –como mucho de su trabajo[1]- el carácter originario de “algo” que le salió al paso en la práctica clínica, donde fueron los pacientes -sin saberlo- quines le llevaban la delantera –planteándole conjeturas- en cuanto a las modificaciones teóricas y técnicas que había que realizar, pasando de una combinación de métodos, como el de la sobrealimentación, las curas del campo, curas de aguas, los imanes, la hipnosis a la catarsis, y de ahí a la sugestión, hasta finalmente el método psicoanalítico de la Asociación Libre, en donde el analizante intenta decir(se) algo, como decía Lacan, la verdad solo puede decirse a medias. Son los tiempos del tratamiento de “Ana. O.” Bertha Pappenheim, quien siendo tratada mediante diversos métodos, entre ellos el hipnocatártico, lo nombra con humor, como “La cura por la palabra” (Talking cure)  o Limpieza de Chimenea (Chemeney Swepping) deshollinamiento.  

 

 

Y posteriormente, fue justamente una paciente quien le solicita a Freud guardar silencio para poder hablar, encontrándose con lo que llamará compulsión de asociar. Ese ir de una idea a otra, desplazándose –no sin cierto sentido- el discurso por diversas representaciones, es que va “leyendo” el sentido igualmente desplazado y cifrado en la resonancia, de diversos enlaces lingüisticos de los síntomas, los lapsus y los sueños, que como dirá, se oponen a la lógica de la razón. En ese sentido la asociación no es tan libre, pues está condicionada por un  “querer decirse” más allá de la voluntad y conciencia del hablante. De ahí la formula que daría cuenta del Saber Inconsciente y de la posición del analista  “El sujeto sabe, pero no sabe que sabe”

 

La petición de la llamada “regla fundamental” de asociar libremente implica la cancelación de los procesos cognitivos implicados en la organización del proceso secundario: lógica espacio temporal, racional y moral. Puesto que se trata de intentar decir todo lo que ocurra, aparezca, se atraviese o surque la conciencia, por más disparatado, sin sentido o vergonzoso que parezca (para la conciencia) para quien habla. Si pensamos, la intención es que quien habla pueda sorprenderse de lo que (le) dice su decir, puesto que cuando cada quien habla también se escucha: portamos un decir –un Saber- que solo por efecto de la misma escucha, podemos advertir, ¡Pero que cosas digo cuando quito el freno a la lengua! ¡Yo no quería decir eso! ¡Yo no quería soñar eso! ¡Mire nada más cuantas cosas salen de un solo sueño!, etc.

 

 

La cancelación de estos tres aspectos: razón, lógica y moral, particulariza las resistencias, puesto que para cada cual poder decir ciertas cosas y ciertas cosas no, opera desde la censura del Súper-yo y su Ideal. De ahí que Freud se haya planteado la cuestión de “resolver” las resistencias, interpretándolas una por una, a fin de poder “levantar” la censura impuesta que estaba trabando el flujo libidinal, “dándole de comer” –nutriendo- el síntoma. En esta visión energética del síntoma, quien asiste y habla y dice todo, puede descargarse de los obstáculos absurdamente incondicionales  impuestos por la restricción superyoica, encontrando otras vías, digamos otros “destinos de pulsión”.

 

Por otro lado son los inventos de Jacques Lacan en su relectura de Freud, los que permiten advertir cabalmente de lo que se trata el asunto de la Asociación Libre dentro de la cura analítica: de advertir –darse cuenta- del funcionamiento del Saber Inconsciente, mediante la constatación de la operatividad, es decir las implicaciones (en el cuerpo, en la cotidianeidad, en todo sufrimiento…) de estar habitados por el Significante, de que los actos, síntomas, cuerpo, hablan, dicen cosas. De ese decir que solo puede ser dicho a medias, como una confesión velada y cifrada que juega –como en el Witz- con el lenguaje.

 

Para ello, por ejemplo, utilizará la figura de la banda de moebius, en lugar de la metáfora del Icberg o la bolsa, o de las capas de la tierra, que aluden a desenterrar lo ya contenido en algún lugar, movimiento estático de hacer visible lo oculto. En cambio partiendo de los giros y torciones del lenguaje, que hace figura en una banda, como lo es la de moebious, en la cual coinciden interioridad y exterioridad, puesto que son lo mismo, se podrá entender mejor eso que decía Freud referente a abandonarse a la escucha de la superficie del discurso, escuchar y leer “eso que no sabe que sabe” sino posteriormente (Nachtrgliche - aprè coup) por efecto de la resonancia de su propio discurso.

 

camilormz@gmail.com

 

 



[1] Es bien conocido que a Freud no se le ocurre solicitarles a sus pacientes que le hablen de sus sueños, que le cuenten chistes, sino que son sucesos que narrados por ellos en el carácter de ocurrencia espontánea. (Cfr. Freud, S. “El Chiste y su relación con lo Inconsciente”, Obras Completas, Tomo VIII. Buenos Aires: Amorrortu)