Paradojas Humanas

"Vamos viviendo la muerte

a la vez que muriendo la vida"

Martin Heidegger

 

¿De qué está hecha la vida humana? Tal vez deberíamos preguntar en plural, pues lo humano es lo paradójicamente diverso. Más que nomenclatura de una especie o grupo de organismos con características instintivas únicas, los humanos nos diferenciamos por la diversidad ¿Verdad que no existen “seres humanos” en estado salvaje?

El lenguaje ha sido nuestra mejor herramienta, constituyéndonos como sujetos simbólicos, creadores de cultura (usos y costumbres, artes, deporte, conocimiento, leyes, religión, etc.) Por lo que despojados de toda regulación instintiva los humanos nos hemos lanzado hacia la exploración-invención de los referentes que nos orientarán sobre un sinfín de cosas (cómo vivir, morir, amar, divertirnos, estudiar, trabajar, etc.) de ahí que los sentidos en la vida sean invenciones que vamos creando en el trayecto; se trata de buscar (recorrido, esfuerzo) más que de encontrar (éxito, logros, felicidad, etc.)

La frase de inicio “viviendo la muerte…muriendo la vida” hace referencia precisamente a dicha pérdida de lo natural y al pasaje a esas experiencias paradójicas, el amor, el odio, el placer, el deseo, el goce, el erotismo, la felicidad, el suicidio…es decir la experiencia humana marcada por la contradicción: que curioso que para sentirse  más vivo hay que morir un poco. Y no solo en sentido cristiano, “morir (al egoísmo, al propio placer, etc.) para que el otro viva” sino dando muerte a la vida, a la vida biológica. Es decir, los humanos para poder constituirnos como tales, hemos dado muerte a la vida biológica, todas nuestras empresas apuntan hacia el desprendimiento de lo natural, para así poder crear otros órdenes, las artes, el conocimiento, la ciencia-tecnología-mercado, que implica siempre una destrucción de lo natural para crear un artefacto para jugar.

En estos días de contingencias reclusorias por la influenza, los humanos nos vimos confinados en nuestras casas, protegiéndonos del virus A HIN1 -antes influenza porcina- pues según se dice puede acabar con nuestra vida. Sin embargo como expresa Sabines “Puede acaso la casa protegerme de la muerte” A la par se cerraron escuelas, centros recreativos y de trabajo, cines, teatros, iglesias, antros, bares, restaurantes, estadios…solo permanecieron abiertos, supermercados, tienditas, bancos y por supuesto, centros de noticias. ¿No es este un excelente ejemplo de cómo la vida puede tornarse en muerte en vida, justamente cuando se trata de proteger la vida-biológica, esa vida única de la especie a la que desde hace mucho tiempo se ha renunciado? ¿Es acaso una vida vivible en tales condiciones: sin estudiar, trabajar, divertirse, salir, explorar…? Las medidas de higiene producen tensión, pues no solo hay algo de mala educación en ser sucio/a sino algo divertido al destruir y ensuciar al otro (persona, calle, parque, etc.) como cantaba el Ecoloco; da flojera tomar tantas precauciones, pero…y he aquí una paradoja a considerar seriamente, ¿Qué tal si por no cuidar la salud, mediante ciertas medias básicas de higiene, perdiésemos la vida que nos permite experimentar esas vidas singulares y diversas en todos los lugares por done nos gusta circular?

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