Miedo Social

por

Camilo Ramírez Garza

 

Promover el miedo en la sociedad siempre ha sido la mejor manera de controlar a quienes la componen. Miedo y consumo, miedo y consumo, es la dupla que se promueve constantemente. Mantener a la gente atemorizada permite, no solo potenciar el consumo, sino –y lo que es peor- cautivarla bajo la amenaza constante de que algo muy malo va a suceder si no se hace tal o cual cosa. Se trata siempre de tomar medidas de emergencia, creando la ilusión de que fue lo mejor ¿o menos peor? que se tuvo que hacer. Con ello quienes promueven tales medidas se “curan en salud” bajo la declaración “se hizo lo que se pudo en el momento justo, si no habría sido peor” Ahí se aprecia como el miedo participó tanto al inicio como al final de la medida, cuando se trata de dar cuenta de lo que se ha hecho. El objetivo es que nadie piense, revise, analice, reflexione, critique, proponga, sino el manejo de la información que produzca una secuencia de miedo-consumo-decisión impulsiva-hartazgo, desvalorización… Entonces después de que supuestamente la contingencia y el miedo producidos han sido controlados, aparecen otros discursos huecos: el estrés y el placer unidos nuevamente al consumo de algo: “mire, compre, vaya, gaste…pues merece ser feliz” ¿Un ejemplo? En México después de las contingencias tomadas por la Influenza, los empresarios del ramo turístico se molestaron porque las clases se iban a extender, con lo cual perderían dinero, pues se recorrerían también las vacaciones. ¿Qué es lo que se desea, niños formados o bien bronceados, arcas llenas a costa de lo que sea?

Desde comerciales, medidas gubernamentales, hasta campañas políticas, y amenazas del crimen organizado, manejan la misma estrategia: el miedo de la ciudadanía. Miedo a perder el trabajo y el estudio, la salud, la seguridad, la vida, el patrimonio familiar, hasta otros más superfluos, la perdida de la juventud, la belleza, etc.  El mensaje es el mismo: “Si no votas, compras, consumes, pagas la cuota…entonces verás lo que te sucederá”

Lo lamentable es que poco se reflexiones y discuta. Gracias a un eslabón más que es la desvalorización: “a mi no me interesa” “los políticos siempre han sido corruptos, se enriquecen, siempre quieren más y más”…también la aceptación total de tales condiciones funciona como adormecimiento de nuestras herramientas fundamentales: la denuncia, la petición, el pensamiento y el diálogo.

La semana pasada alguien me preguntó si estaba mal tener miedo. El miedo no es un problema en sí mismo, el problema es no saber que hacer con él. Entonces quien lo padece puede quedar entre la espada y la pared, pensando cómo hacerle para solucionar sus problemas… ¿Cómo crecería, no solamente un niño, un joven, sino también un adulto y un anciano, si viviera siempre con miedo? ¿No estaría más propenso a sufrir de estrés, angustia, a enfermarse, desconcentrado sin poder trabajar alegremente para poder vivir? ¿Cómo plantear vidas saludables si los comerciales, noticieros, campañas políticas solo hablan de las amenazas que penden de un hilo, tan solo para después aparentemente darnos-vendernos la solución a nuestros miedos? ¿Por qué no mejor hablar y dialogar en vez de atemorizar? ¿Formar ciudadanos, alumnos, hijos, para pensar, en vez de quedar capturados-secuestrados por el sensacionalismo temeroso de los medios, gobierno y mercado?

camilormz@gmail.com