MAQUINAS QUE DAN RISA:

La -imposible- operacionalización del humor y la risa

 

por

Camilo Ramírez Garza

 

 

El director del Instituto Japonés de la Risa, Yogui Kimura, está desarrollando una máquina para medir que tan gracioso puede ser un chiste, una broma. Sony y Olympus están destinando fondos al estudio de la risa. Por otro lado se desarrollan computadoras, video juegos y automóviles, que registran “el aburrimiento”, vía la frecuencia cardiaca, la respiración y la sudoración, para que cuando esto suceda, se activen mecanismos que logren “elevar” –vía periférica o cerebral- la atención, sea de un juego, una película o el formato de la pantalla de la computadora.

 

Como siempre se trata de una valoración (operacionalización, medición y cuantificación) de ciertas funciones fisiológicas. Es la misma lógica de los –mal llamados- “detectores de mentiras” que solo registran signos vitales y algunos movimientos (frecuencia cardiaca y respiratoria, sudoración, contracción pupilar, movimientos etc.) para después hacer inferencias: ¿verdad o mentira? Las mismas que dieron origen a la psicología –llamada- académica o experimental (1879) con el surgimiento del primer laboratorio de psicofísica en la Universidad de Lepzig, Alemania: registrando y midiendo diversas reacciones del organismo, estableciendo paralelismos con “lo psicológico”.

 

Tal reducción (de lo psíquico –simbólico- a las reacciones orgánicas y conductuales –signos vitales, genes, cerebro, etc.) no es nueva (s.XVII) era el objetivo de Descartes (El tratado del hombre): la división entre dos componentes (lo que cuantifica y lo cuantificado; la res extensa y la res cogitans) mente y cuerpo, así como todo lo existente- pudiera ser conceptualizado como una máquina con un funcionamiento determinado, para así, poder medir y controlar la naturaleza. En su tiempo solo existían el reloj y la máquina de vapor. Gracias a ellas logró establecer comparaciones correlativas. Así como recientemente se ha dicho: “El alma y la mente son el software del hardware del cuerpo”

 

A la pregunta ¿Por qué reímos? Tendríamos primero que añadir el hecho de que solo los humanos, en tanto, seres simbólicos, constituidos por el lenguaje, podemos reír (y no porque se tengan pulmones, diafragma, corazón, glándulas sudoríparas, etc.) El humor, lo cómico y la risa, son efecto de nuestra constitución de seres hablantes, encuadrados en un contexto cultural (los juegos del decir sin decir, sino solo aludir) de ahí que los chistes tengan su lugar de efectividad (locales, nacionales, etc.) no es lo mismo el humor y lo gracioso en todas partes. Al considerar la risa operacionalmente, desde las reacciones y movimientos del organismo (como cuando se explica algo que se dice y hace por el solo funcionamiento cerebral) se reduce lo humano a la unicidad animal, dejando fuera el lenguaje, que nos diferencia y caracteriza, y que también produce y moldea el mismo cuerpo, el cerebro, la genética, etc. Hecho que se pierde de vista, ante la excesiva mercantilización, es más fácil si cada quien se toma algo, y ¡ya! Ello se confirma en el predominio de los padecimientos inscritos en  lo concreto y tangible, expresados en lo real del cuerpo, en vez de lo simbólico que requiere cierto desplazamiento figural (metafórico y metonímico): anorexia, bulimia, auto-mutilaciones, drogadicción, angustia, estrés, etc. Si las comparásemos con la poesía, diríamos que en la actualidad la capacidad poética es nula (no olvidemos que el poeta, al igual que el cómico -como lo ha revelado el psicoanálisis- juegan con el lenguaje, particularmente con su función significante. Puesto que las palabras no “son” exactas, sino imperfectas, es que pueden aludir a un sin fin de cosas, producir el chiste, tanto intencional como sorpresivo, “verso sin esfuerzo”. El Witz (chiste, el humor, lo cómico, gracioso) ha mostrado Freud, se produce por efecto del decir algo que no se puede articular de otra forma, sino velada, aludiendo, sugiriendo: en un juego de palabras que requiere ingenio, es que se pueden “burlar” las restricciones culturales en torno a la sexualidad, la vida y la muerte, a la vida política y económica, en donde el resultado es un desfogue de la tención acumulada, de la imposibilidad de decir, como los escritores, comediantes, moneros, que han vivido dictaduras, afinando aún más su talento: poder decir sin decir, cifrar en las palabras e imágenes el sentido de su mensaje.

 

camilormz@gmail.com

 

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