Los jóvenes y la transgresión

Título de la mesa: Jóvenes transgresores y desafiantes en la sociedad de consumo

Conferencia presentada durante el 1er Congreso Internacional sobre Conflictos y Violencia en las Escuelas. "La decadencia de la Autoridad" 

8,9,10 octubre 2009. Buenos Aires, Argentina

 

 por

Camilo Ramírez Garza*

 

Uno no se lava sin maestro: en el fuego o en la lengua,

por el bautismo o por la muerte, nadie puede purificarse

 si no está antes bajo la dependencia de una ley

 

Dominique Laporte[1]

 

They´re gonna clean up your looks

With all the lies in the books

To make a citizen out of you…

Because the drugs never work

They gonna give you a smirk

´Cause they got methods of keeping you clean

 

Teenagers,

My Chemical Romance

 

La transgresión es fundante de lo humano. No hay humanidad sin trasgresión. La transgresión nos constituyó, es nuestra marca, recorrido y destino. Transgresión del orden instintivo, meramente biológico, transformación del organismo, su estructura y funcionamiento, hominización, surgimiento del cuerpo humano, erógeno, paradójico, fugaz y vacilante, constituido desde la pérdida, la imposibilidad, la carencia y la falta, por ello siempre vacilante e inmaduro. Trastocamiento de lo natural circundante, surgimiento de la cultura, el contexto humano por excelencia, artificial, de ahí que podamos vivir en cualquier lugar, nos extendemos como plagas, somos al mismo tiempo desplazamiento y destrucción, metáforas vivientes con la ilusión de prescindir, si quiera un momento, de lo que la madre naturaleza otorgue.

 

El llamado desarrollo humano lleva la marca de la negación de lo natural. Lo imposible de vencer: no pedir nacer y no poder hacer nada para no morir, aún no está resuelto. ¿Venceremos un día a la muerte?

 

La historia es el recuento de las transgresiones y los cambios que ésta ha introducido.

Transgresión primera y original hacia Dios y sus mandatos; transgresión segunda hacia el otro y lo otro, el semejante, el asesinato, el robo, el  adulterio, el incesto; no matarás, no robarás, no fornicarás, no mencionarás el sagrado nombre de Dios en vano…surgimiento de las primeras disposiciones, lo sagrado, adorado y temido, el horizonte de lo posible y lo imposible, al tiempo que el castigo, la marca, la deshonra, la culpa, el sacrificio, el reparo,  la expiación.

 

Surgimiento de las leyes, el derecho, los tribunales y las prisiones,  lo mismo que la vigilancia, el castigo y los cuerpos policiacos. ¿Qué sería del derecho sin aquellos trabajadores incansables, los delincuentes? ¡Esos transgresores! que no advierten el sentido de sus actos, tan anclados y prisioneros a ellos, condenados a repetirlos; sabiéndolo o no, han contribuido a crear todo una infraestructura y objetos de estudio: desde prisiones, cátedras de derecho, criminología, sociología, psicología y psiquiatría criminal; se imparten charlas, conferencias, talleres, encuentros, simposios, se conforman cuerpos policiacos, jurídicos, etc. ¿Qué serían de las leyes sin aquellos que las transgreden? O he de decir ¿Qué sería de las transgresiones sin ley o de la ley sin las transgresiones?

 

Y en este caso particular, que hoy nos convoca: los jóvenes transgresores y desafiantes en la sociedad de consumo.  ¿Qué leyes transgreden hoy los jóvenes? ¿Cuál es su marca, su sentido? ¿Podrían tomarse dichas transgresiones al nivel de un desafío, de una petición? Y si fuera así, o de cualquier otra manera,

¿Guardan dichas transgresiones vínculos con la sociedad llamada de consumo?

 

Sin andarnos con tantos rodeos, planteamos de entrada que las transgresiones y desafíos deben tomarse al nivel de una demanda, una petición, pero… ¿petición de qué? De construirse como sujetos, teniendo un referente en el reconocimiento de algo más grande que ellos mismos, la ley, que les permita responder a la pregunta ¿quién soy? a partir del rodeo por otros interrogantes como ¿Quién soy para ti? ¿Qué debo hacer? ¿Qué me está permitido? ¿Cuál es mi castigo?

 

El motor del mercado es el consumo, su principio y fin: colocar no solamente un producto, un artículo, sino un deseo, hacer creer que responde, cuando en verdad gesta, necesidades, que más bien debiéramos decir, necedades.[2]  Por lo tanto no produce sujetos, sino usuarios. Simple y llanamente usuarios “bien portados” que consuman, al tiempo que se consumen como sujetos.

 De ahí que una estrategia del mercado sea desarraigar al sujeto, venderle la idea del paraíso global, sin fronteras ni ataduras, bajo la amenaza que quien se oponga será tildado de tradicionalista, anticuado, cuando no globalifóbico. El objetivo es terminar con las tradiciones, lo nacional, la localidad, es decir, con los referentes que antes dieran consistencia al sujeto. Desarraigarlo, es su objetivo. Para entonces, desnudos del ropaje y referentes que nos han constituido (la tradición, la memoria, el lenguaje, la familia, los lazos sociales, el trabajo, etc.) una vez vacíos, llenarlo con cualquier cosa que el mercado ofrezca. Al cabo, entre menos piensen mejor.

 

Sin embargo el mismo mercado, su circuito de consumo, se ve transgredido por un acto que rompe con su lógica, el robo, el hurto, así como la sobreproducción, la devaluación.

En el Japón, por ejemplo, el honor ha dejado de tener un lugar vital para la identidad de los ciudadanos jóvenes, como desde tiempos  milenarios. Honor que se soportaba en la palabra y en la responsabilidad, y de perderse se pagaba con la vida. ¿Tendrán algo de responsabilidad todos esos movimientos internacionales que buscan organizar y administrar las vidas humanas mediante las medidas que se aplican a la empresa, a la industria, en donde si algo está ausente es el honor?

 

Ahora las generaciones, no solamente la llamada en algunos lugares como generación “x”, sino la whatever[3]están marcadas por la indiferencia y ausencia de culpa[4], por el desgano y el hartazgo, efectos de dichas estrategias de mercado, cuyo objetivo, como se señalaba, consiste en prepararlos para el consumo. Ahora entonces los usuarios se definen por lo que compran, consumen, usan, teniendo la ilusión de poseer algo, construirse una identidad, un cuerpo.

 

En el año 1993 se presentó una película hollywoodense, El Demoledor,[5]ambientada en el futuro. Los personajes dejan incluso de tener música, como la hemos conocido, la música que escuchan y cantan proviene de anuncios de productos comerciales que buscan capturar al usuario, los llamados jingles. Así se funden atmósferas de consumo, en donde una arquitectura particular, como lo es el centro comercial, lugar de excelencia para el consumo, es surcado por música ambiental, cuando no anuncios que se remiten a compras.  Parce ser una profecía anticipada de muchos jóvenes en diversas ciudades del mundo, van dejando de tener lugar en los espacios públicos, tales como parques y plazas, para irlos recluyendo al centro comercial, completándose cierta lógica, “afuera, en las calles, me eres problemático, tu inquietud me molesta, estorba, pero adentro, en el centro comercial, es otra cosa, ahí  estás inserto en el consumo. Por lo tanto tu inquietud me es necesaria, que bueno que no pienses.

 

¿En dónde se inserta la transgresión? La transgresión ciertamente constituye un problema social, incluso en ocasiones de seguridad, económica y judicial, pero no deja de tener su sentido de reconstituir al sujeto, es decir, ofrecerle una vía para pasar de ser un simple usuario a un sujeto, de la serie a la singularidad. Después de todo los niños y jóvenes son siempre presa fácil del mercado, ¡los clientes preferidos! Pues son aquellos en constitución.

 

 

En el caso de México, y creo que no es muy diferente en otras partes del mundo, los jóvenes se debaten buscando referentes. Los modelos, héroes e ídolos actuales son desechables, no duran, se desgastan, los pocos que quedaban ya han sido absorbidos por la vorágine del mercado, reducidos a artículos en una tienda de suvenires. ¿Con quién pueden ahora identificarse los niños y jóvenes?

 

Actualmente se transmite en México una adaptación de la novela juvenil “Patito feo”[6]originaria de Argentina, la cual ha tenido mucho éxito no solo entre los niños y jóvenes, sino también entre los adultos. De ella me interesa señalar la canción promocional, en donde el personaje estelar, una joven, clama por un mundo de caramelo.

En ella podemos ver no solo la exaltación por lo sensible, sino incluso la memoria hecha comida, la vida en comidas. La reducción de lo humano a simple órgano que debe ser llenado. No solo una matematización de la vida, vía las evaluaciones y estadísticas, sino también una animalización, la diversidad reducida al universo de lo uno. Donde todo se produce, administra y explota biopolíticamente, mediante lo que se come y lo que se bebe. De ahí que no extrañe que los robos y las adicciones sean “las transgresiones” más comunes entre los jóvenes quienes pretenden acceder a una vida sencilla, fácil, ellos también desean un mundo de caramelo donde todo sepa mejor.

 

Los valores y objetivos propuestos: la vida fácil, simple, sin esfuerzos, ni luchas, solo comprar cosas y gozar con ello, el retorno al simple organismo hecho usuario consumista. Son generaciones extremas, hartas en excesos, tanto de la bastedad como de la carencia con olor a muerte.

 

Ello está en las transgresiones, es su marca: se elevan los robos de cosas como ropa, electrodomésticos, automóviles, dinero, alcohol y cigarros. Así como el consumo de drogas. Pues la mejor juventud es aquella embrutecida, adormecida, que se conforma con consumir, pero no advierte que también se va consumiendo a sí misma. Quizás la transgresión y sus efectos sean una salida, un vía no sin consecuencias,[7]un retorno a lo humano, una forma singular de construirse nuevamente un cuerpo y un deseo ante la mitrada y el dominio de la ley.

 

Extiendo un cálido agradecimiento al Lic. Fernando Osorio, Daniel Kaplan, Andrea Kapla, por la invitación a participar en dicho congreso, así como por todas sus atenciones durante el mismo. 

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* Psicoanalista, escritor e intenta incursionar en el mundo del humor y la comedia. Se dedica a la práctica clínica psicoanalítica, así como a la docencia en la Facultad de Psicología de la Universidad Autónoma de Nuevo León, en Monterrey, Nuevo León, México.

Escribe una columna semanal para el periódico El Porvenir que se distribuye en Monterrey, N.L. México Así como dicta una conferencia semanal sobre diversos tópicos a las que ha titulado “Psicoanálisis itinerante”.

Es miembro de la Sociedad Mexicana de Criminología, capitulo Nuevo León, donde funge como coordinador de la comisión de salud mental. Así como de la Asociación de Alzheimer de Monterrey, A.C.

Es miembro de ASPIRA, 1er programa de atención al sufrimiento humano causado directa o indirectamente por la extorsión y el secuestro, en Monterrey, N.L. México.

 

Cursó estudios de psicología, especialidad y maestría en psicología clínica, con una investigación sobre el tratamiento analítico de personas con cáncer. Actualmente se encuentra concluyendo el programa Doctoral en Artes y Humanidades, en el Centro de Investigación en Ciencias, Artes y Humanidades de Monterrey (CICAHM) con la tesis: “Asesinatos Masivos en escuelas de EUA: caso Columbine y Virginia Tech: un análisis a través del cine y el psicoanálisis”

 

Colaboró con un capitulo “La psicologización y psiquiatrización del ámbito escolar” en el texto de reciente publicación “Ejercer la autoridad: un problema de padres y maestros” Buenos Aires: Noveduc, 2009.

Contacto: camilormz@gmail.com

http://camiloramirez.jimdo.com

 




[1] Laporte, D. Historia de la Mierda. 2ª ed. España: Pretextos, 1988.p.9

[2] Una necedad surge de un deseo, un capricho, un antojo, una provocación al nivel del evanescente y fugas deseo. Eso que Freud nombró bajo el nombre de pulsión, del Trieb, del empuje, el brote. Noción límite entre lo somático y lo psíquico. Cfr. Freud, S. (1915) Pulsión y destino de pulsión. Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu, T.IV,p.105

[3] Whatever, del inglés: “me da igual”, “lo que sea”

[4]Hace algunos años, una artista local regiomontana, montó un stand en el centro de la ciudad de Monterrey, Nuevo León, México, en donde se vendían frascos de culpa.

[5] Demolition man (EUA,1993) Marco Brambilla

[6] Patito feo, la historia más linda. (2007) Productor: Marcelo Tinelli.

[7] Roberto Fontanarrosa, “el negro”, un gran humorista, escritor y monero argentino, decía en una entrevista a Fernando Savater: “Los juniors son patéticos, esos que andan causando problemas a los demás,  porque ellos no los tienen” es decir, carentes de carencia.