Sociedades extremas

por

Camilo Ramírez Garza

 

 

La actualidad del mercado ofrece una multiplicidad de productos. Lejos están los orígenes de la propuesta tecnocientífica industrial (s. XIX) de saciar las necesidades humanas, llevar el progreso a todos lados. Pronto la producción dio un giro: ya no solo satisfacer contadas necesidades (hambre, sed, vestido, vivienda) sino producir necesidades que reciban productos. Dando pie a las sociedades de consumo, y posteriormente a las sociedades de la información, en las cuales es predominante la logística del aparato de mercado, que crea e introduce, tanto la necesidad como el producto (comerciales, diseño de etiqueta, slogan, etc.)

 

En la actualidad postmoderna, focalizada en la salud, el cuerpo como objeto de diseño, estético y genético, enmarcado en un discurso de integralidad, multidisciplinaridad y calidad, el miedo al colapso ecológico y nuclear, al atentado terrorista, la propuesta del mercado es de una serie de productos que “cuidan la salud” instantáneamente, a la distancia –y esfuerzo- del consumo de x vitamina, jugo, sustancia. Basta con ver la televisión durante unos breves minutos para darse cuenta de la infinidad de productos que ofrecen la bella figura, la reconstrucción de la cadera, senos, glúteos, etc. Ello no sin cierto truco, pues mientras se busca el aumento del consumo (ventas) de un cierto producto, como comida, alcohol, etc. se plantea el consumo de dichos productos “peligrosos” (nivel de calorías) sin culpa, pues se les ha substraído de su esencia: pan y postres libre de calorías, café sin cafeína, cerveza sin alcohol, sexo –virtual- sin sexo, etc. así como educación sin educación (solo el cumplimiento de programas y llenado de requisito de los criterios de calidad que las instancias ISOS proponen) El mensaje: “Puedes consumir en exceso todo, al cabo ya le quitamos lo peligroso (calorías)” “Ten exceso (consumo de comida, agua, estimulantes) al cabo cuando bajes el rendimiento podrás ingerir una bebida energética”

 

Por ello, no es extraño que las nuevas subjetividades se organicen inscribiéndose en el cuerpo, en donde el dolor -como forma extrema del sentir- se convierte en la única experiencia posible de goce (“Para pasártela bien, tienes que gozar todo el tiempo, todos los días, y al máximo, no se vale sufrir, estar triste, cansado, medirse, limitarse; si quieres algo, ¡solo tómalo!”) desde el llamado estrés, los trastornos alimenticios, auto-mutilaciones, consumo de drogas, suicidios, depresión, ansiedad, violencia (golpes al cuerpo del otro) Si el cuerpo es ahora solo una máquina genética y cerebral, ¿No será acaso absurdo los discursos anti-consumo de drogas que pretenden negar eso que está en el centro del consumo de sustancias: la experiencia de placer, activando los mecanismos centrales cerebrales? ¿Qué no es lo mismo que se dice ahora de un niño inquieto en la escuela, que tiene un trastorno en la producción o recaptura de un neurotransmisor, y entonces le dan medicamento para que se pueda estar quieto? ¿Qué acaso nadie tiene que decir nada sobre el cómo se educa o no educa, el maestro que tiene enfrente, los padres en sus casas? Estamos en una sociedad extrema que aparte protege a todos: “no señales a nadie, que nadie culpe a nadie”, todos somos víctimas, y la posición de la victima es intocable e indestructible. ¿No están al mismo nivel, la influencia en ambos casos, estimular cerebralmente, para producir placer o estarse quieto, para que ese otro, el maestro o los padres, no tengan que batallar?

 

¿Las respuestas? Esas dificultades inscritas en el cuerpo (estrés, anorexia, bulimia, suicidios, violencia, dolores crónicos, etc.) pueden leerse como mensajes que muestran que el cuerpo se resiste a ser considerado solamente como una máquina, a la que solo hay que mantenerla en estado óptimo (ejercicio, dietas y cirugías) para poder seguir produciendo y cumpliendo el mandato superyócio (incondicional): ¡Tienes que gozar!, al grado de considerar el cansancio, el sueño, el sudor, los bellos, la enfermedad y la muerte…como cosas extrañas que hay que quitarle al cuerpo: un humano sin lo real del cuerpo, un usuario.

 

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