Los excesos y el estrés

por

Camilo Ramírez Garza

 

 

Antes del año 2000, la humanidad estaba expectante anta las posibilidades del futuro: los nuevos desarrollos científicos y tecnológicos. Hasta hay quien se imaginaba ciudades intergalácticas y autos voladores. Al pasar el umbral del nuevo siglo y milenio, después de advertir que no sucedió ninguna catástrofe computacional (2YK) por efecto de los dos dígitos, la atención ahora está solo en el presente, junto a una nueva ola por lo retro, ahora comercializado, desprovisto de su sustancia original: el sentido de protesta y rebeldía, del ejercicio de la critica, simple objeto de consumo desechable. Quedando así, cualquier ideal, reducido a una marca o un estampado de camisa. Por lo que hablar, hoy, de ideologías, es en cierta forma, anacrónico y demasiado territorial, poco abierto a la avanzada global del mercado, la economía, el progreso mundial.

 

Ello ha producido efectos en la vida del ciudadano humano –local, que ahora se posesiona del mundo global- uno de ellos es su desterritorialización: desgaste y perdida  de los referentes culturales regionales (folklore, tradiciones, usos y costumbres, tipos de educación y gobernabilidad; ideologías, gestos, signos, símbolos, idiomas, dialectos, religión, diversas cosmovisiones, etc.) su transformación y reincorporación como objetos de consumo, bajo la ideología de la apertura y tolerancia al extranjero, al diferente, siempre y cuando se trate solo de comida, bailes, lugares para vacacionar, al tocar aspectos vitales de la libertad, como la forma de gobernar, educar y llevar la economía, entonces la tolerancia se vuelve cero. En la actualidad, las personas disfrutamos aparentemente de más libertades que antes, cuando lo cierto es que el control y la vigilancia son mayores y más finos, pues se desarrollan y operan (medios de comunicación) sin que se adviertan explícitamente.

 

Dos ejemplos. Actualmente vivimos en sociedades rodeadas de discursos políticamente correctos: se habla de desarrollo sustentable igual en las instituciones públicas y privadas, como en las educativas, jurídicas y culturales. Se menciona que la tolerancia y democracia son muy importantes; que cada ser humano tiene el derecho de expresar sus opiniones y puntos de vista, sin por ello ser discriminado. Que se busca la calidad de vida, las certificaciones en todas las instituciones, la transparencia; lo mismo que la calidad en la educación. Se ofrecen cifras, encuestas y porcentajes de la aplicación de tal o cual programa y recursos, sino por ello disfrutar los efectos directos de tales supuestos beneficios. Por otro lado, se mencionan tres enfermedades como las predominantes en la población mundial: estrés, depresión y ansiedad. Así como en la infancia, la incidencia del llamado Trastorno por Déficit de Atención, con o sin Hiperactividad (TDAH).

 

En el caso del estrés, éste se produce por el exceso o sobrecarga  de tensión por las múltiples actividades que se realizan, padeciéndose las consecuencias en el cuerpo: dolores de espalda, brazos, cabeza; dificultades para dormir, disfunción eréctil, ansiedad, irritabilidad, etc. que muestran que el cuerpo no es una máquina. Ello es tomado por el mercado, ofreciéndonos productos para “des-estresarnos” o “estimular” el cuerpo a fin de que rinda y produzca más, negando y descartando los “errores”, las “fallas” del cansancio, el dolor, la falta de fuerza, la necesidad de descansar, y seguir trabajando y gozando. Al exceso de cansancio y fastidio, igualmente corresponde un exceso de consumo de productos des-estresores: medicamentos (anti-depresivos, ansiolíticos; estimulantes, analgésicos, para dormir; comida orgánica; bebidas energéticas, complementos y suplementos alimenticios, ropa, vitaminas, viajes (para cumplir el imperativo mandato ¡Tienes que gozar! Pasártela bien, verte bien, para que entonces tengas autoestima, felicidad, amor…) pero el exceso del consumo de tales productos ocasionaría un problema estético, por lo que la solución es “quitarle” la esencia a tales productos, para poder consumirlos en exceso -seguro-: café sin cafeína; cerveza sin alcohol; agua sin minerales, ni sales; pan y tortilla sin calorías, chocolate sin azúcar, ni calorías,  …productos “light” libre de “culpas” sin calorías, grasas y colesterol, movimiento necesario para garantizar el consumo excesivo (las ganancias) en pro de la supuesta salud y bien-estar, con su contraparte des-sustanciada de educación sin pensamiento, diálogo y critica; ciudadanos sin voz, solo con bolsillos, sujetos reducidos a televidentes y consumidores expertos.

 

camilormz@gmail.com