El cuerpo postmoderno

por

Camilo Ramírez Garza

 

El cuerpo, realidad tangible, estructura anatófisiológica. Células, tejidos, aparatos y sistemas (músculo-esquelético; neuroendocrino; digestivo, circulatorio, etc.) desarrollándose e interactuando; logrado a través de un proceso evolutivo.

 

No obstante, el cuerpo humano no solo es estructura sensible (biología) sino imagen y símbolo. No supeditado a las solas leyes fisiológicas; reducido a la suma de las funciones de los aparatos, sino constituido por aquellos registros imaginarios y simbólicos, producto del devenir cultural; trastocado por el lenguaje: herramienta con la cual creamos y representamos el mundo, nuestro cuerpo; tomar conciencia de su localización en el tiempo-espacio.

 

Al ser un símbolo -el cuerpo humano- entonces también es memoria, registro y vestigio, figura de algo; expresión tangible –como en las artes plásticas o la poesía- de un sentido cifrado en la carne, sus síntomas, en su funcionamiento. Hecho que advierte el psicoanálisis: el devenir del Yo está marcado al asumir el sujeto una imagen con la que se identifica, fundando la subjetividad particular, enmarcada en el reconocimiento de un nombre (“Tu eres eso”) El cuerpo deja de ser solo desorganización sensible, dominio de la biología, para ser cuerpo erógeno, cuerpo del placer y del deseo, de la búsqueda: del encuentro y la falta perpetua; habitando en un espacio imaginario, como queda evidente en los deseos desencadenados por la industria del vestido, la cirugía plástica, o los ejercicios. Sustentados en una estética prototípica. En francés, es la misma palabra (mannequin) la que designa a los modelos de la pasarela, que a los maniquíes inmóviles de los aparadores de las tiendas.

 

El cuerpo es sentido, palabra y deseo hecho carne; símbolo trastocado por la sexualidad, el deseo y la falta en su propia constitución biológico-genética. Existiendo entre dos imposibles: haber nacido y no poder no morir. Constitutivo y constituyente de la cultura; del lenguaje, las estructuras de relación, imaginarias y simbólicas, que nos preexisten, trascienden y atraviesan; el deseo de aquellos que esperan, modifican el cuerpo humano, la forma de enfermarse, y si acaso envejecer y morir.

 

Si el cuerpo es modificado por el lenguaje y las imágenes que lo circulan, entonces ¿Ante qué cosa estamos cuando decimos “cuerpo”? ¿Cómo vive ahora el cuerpo? ¿Es la suma de sus funciones, la reducción a la interacción de sus partes, de sus órganos? ¿Son las construcciones simbólicas conceptuales -filosofía, lingüística, literatura, arte, psicoanálisis, psicología- solo modelos paralelos al cuerpo, inexactos e inútiles al descubrirse finalmente amplias geografías de nuestro mapa genético? ¿Se tiende hacia una explicación genética –ideal- como ahora predomina una neurológica o neruopsiquiátrica de nuestros cuerpos y problemas sociedades? ¿Llegaría el tiempo en que la sola profesión en pie fuera la de la ingeniería genética, supuesta “matriz”, como otrora fuese la filosofía, sustento del soporte-explicación ya no de quien somos, a dónde vamos, qué deseamos, sino como estamos constituidos anatómica y fisiológicamente? ¿Acaso la explicación y desaparición de todos nuestros lastres y referentes, defectos e imperfecciones; acaso la cura anticipada: la conquista biotecnológica de “nacer perfectos” sin genes de cáncer, demencia, deformaciones…acaso también sin “los genes” de Dios, el amor, la delincuencia, la libertad, la decisión del suicidio, la corrupción, psicosis, pobreza, la oposición política y económica?

 

El cuerpo ha pasado de ser unidad y sentido, a ser solo función, medio y vehiculo de individualidad; una posesión; reducido al cambio estético y genético; a estómago que come o se cierra; ventana, depósito o puerta sensible que recibe excesivamente o se niega al placer, por uno trasladado a la carne pegada a los huesos. Cosa extensa, tangible a la que se puede poner, quitar o moldear, gracias a los avances de una tecnología libre de Dios, ideología y moral alguna, reducida a pura economía del cuerpo, otorgándole al sujeto actual la posibilidad de “esculpirse” a su antojo.

 

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