¡Ya mijita, vete al bosque!

por

Camilo Ramírez Garza

 

Frase de cierre de un comercial, como al menos tres que hemos visto o escuchado, dónde se hace referencia a un parque de diversiones para niños y jóvenes.

 

Más allá de comentar  la estrategia de mercado con la cual se ofrece un producto, como lo son las atracciones de un parque de diversiones; ver si es adecuada, impactante, etc. Me interesa comentar referente a lo que dichos comerciales muestran: eso que está presente en la cultura que es tomado por la estrategia publicitaria, a la manera de un síntoma: algo que porta un saber sobre algo que es propio y compartido. A la manera de Interpretación de los sueños y Psicopatología de la vida cotidiana de Freud, tomemos el comercial como síntoma que plantea interrogantes, cifrando de una manera visual ciertos elementos, que, anudados, portan saberes sobre nuestro contexto social-compartido. Que en el caso de un comercial tiene que ser breve y eficaz. Lo mismo que comenta Freud referente a lo chistoso, citando a Shakespeare:

 

            “Puesto que la brevedad es la brevedad del gracioso ingenio,

            y la prolijidad de su cuerpo y ornato externo,

            seré breve”[1]

 

 

En el primer comercial, una niña para divertirse asusta a su madre diciéndole: ¡Una rata! ¡Una rata!, la madre responde con una amenaza que nunca llegará: “¡Deja que ti-agarre!” A lo que la niña contesta con una petición, no menos chiflada, de “ya `amá, era broma” Finalmente la madre responde diciendo con la frase que nos sirve de título.

 

 En otro comercial una niña se queja diciendo: “Ya estoy aburrida de karaoke” -Dicho sea de paso llama la atención su perfecta articulación k-a-r-a-o-k-e. A lo que el padre le propone un concurso igualmente absurdo que se ha sacado de la manga: “Vamos a ver quién grita más fuerte” la consecuencia: suenan las alarmas de los carros circundantes. La madre en claro tono de contención de toda su furia les sugiere-ordena: “Y si se van al bosque”

 

Otro más muestra a un joven en el extremo de la inutilidad y desquehacerada búsqueda de problemas y dificultades en su casa: se muestra incapaz de cuidar a su hermano pequeño quien llora desconsoladamente, juega con la pelota a dentro de la casa hasta que finalmente quiebra un jarrón. Ante lo cual la madre dice, haciendo un gesto  de “a fuera” Mientras le dice: “Al bosque” Él sale, se encuentra con dos amigos a los que saluda y dice a manera de sugerencia-consolación de ni mido: “Al bosque”

 

Tal como nos propone el método psicoanalítico, tomemos lo más obvio, lo que está a la vista, el Inconsciente que transita y atraviesa el discurso.

 

¿Quiénes aparecen en los comerciales? Los tres comerciales muestran a hijos y a padres, por un lado y al bosque por otro. De tal forma que los personajes son: papá, mamá, hijo, hija y bosque. En ese sentido, son comerciales que platean “algo” sobre las relaciones sobre los padres e hijos. No en sentido total y explicativo, como quien hace un tratado de qué es la relación de padres e hijos hoy en día. Lo cual sería imposible, y hasta cierto punto sesgado. Pues al hacer historia, definiciones, descripciones y categorizaciones siempre se está en la antesala a encuadrar algo, quitarle su dinamismo, su devenir, sus avatares cotidianos, por lo tanto se hace difícil operar efectivamente en eso que consideramos el tejido de nuestra realidad. Tomando un breve pero paradigmático momento de dicha relación, en el que están condensados ciertos elementos de las relaciones entre padres e hijos, por un lado y en relación con el mercado por otro.[2]

 

Por ello un comercial puede mostrar más cabalmente, así “entre broma y broma…” a la manera de un Witz[3] eso que funge actualmente como síntoma, que en este caso sería el cómo un padre y una madre (e igualmente maestros, autoridades, políticos, etc.) encaran “eso” con lo que no pueden lidiar y que prefieren “enviarlo al bosque” o más bien al bosque de la chin...na! que representa el mercado: una salida.

 

Por otro lado ¿Qué es el bosque? El bosque representa la salida vía el mercado de para lidiar con “eso” intolerable, que desespera. Que aquí la cuestión no sería de índole moral: ¿Cómo es que los padres no educan a sus hijos? Que tampoco estaría nada inadecuado considerarlo. Sino de mostrar de entrada a unos padres que son incapaces e impotentes, en tanto autoridad, y que prefieren comprar la tranquilidad, con lo cual se muestra un lado perverso en ambos personajes (padres e hijos) ninguno de los dos quiere enfrentar nada, el desgaste del diálogo, de la negociación que implica la educación, sino la salida aparentemente más fácil: “si me causas problemas, vete al bosque; seguramente solo me saldrá en unos cuantos pesos”

 

Dicha expresión retoma un dicho-cliché de un payaso local quién gustaba decir: “Compra un bosque y piérdete” como forma de enviar al carajo, deshaciéndose de quién contrariara los propios intereses.

 

Con esto no planteo que no haya que ir al bosque o a cualquier otro lugar, sino la marca constante de resolver las cosas vía la lógica del mercado: “si tienes un problema ve a la tienda a ver que hay” pues habría situaciones que no se resolverían comprando cosas, sino haciendo. A diferencia de lo que el mercado muestra e intenta sugerir: “todo tiene una solución vía el mercado: compra, consume, ingiere, etc.” a la manera de “compro, luego existo como usuario”

 Aparece lo que muchos han gustado en llamar, un superyó postmoderno que establece su mandato inmodificable: ¡Tienes que gozar! ¡No te está permitido sufrir! Goza, goza…a seis, doce, trece…meses sin intereses. ¡Goce ahora y pague después!

 

Así, aparentemente se vive en un contexto de libertad, pero ello sería solo ilusorio, pues dicho mandato superyócio reforzaría aún más el control del sujeto, imponiéndole a toda costa gozar sin restricciones ni limitaciones, sin freno ni regulación (que sería más bien la lógica del deseo que parte de la carencia y la imposibilidad) con lo cual se produce la angustia y la necesaria tentativa de encontrar limites y bordes que estructuren la vida, siendo un soporte vital.[4]

 

De ahí que los padres que aparecen en dichos comerciales son padres negligentes, en tanto que desean darles a sus hijos lo que desean (¡Ya me aburrí de karaoke! Bueno, ahora vamos a jugar a ver quien grita más fuerte!) Por lo tanto están al servicio de sus hijos: ellos son quien en realidad controlan a sus padres, rasgo muy actual. Los padres actuales siendo efecto de una generación de padres conformados entorno a la figura parental de autoridad (tanto de madre como de padre) parece que se han hecho un pasaje al discurso del mercado, de los expertos y especialistas. Así para solucionar dichas situaciones les compran algo para deshacerse de los problemas que causan.

 

 

A diferencia de como otrora se resolvieran las cosas a partir de lo qué dichas situaciones plantearan: ¿Qué hace el niño(a)? ¿Qué podría ser? ¿Cómo le hago para encarar eso? había que ingeniárselas con los hijos más que enviarlos a otros lados (bosque, psicólogo, maestros de apoyo, etc.)

 

Podríamos decir que dichos comerciales giran en torno a “no hacerse cargo de los hijos” para que otros –el mercado- se haga cargo de ellos. Y vaya que en un parque de diversiones tiene que haber un mínimo de orden: comprar el boleto, hacer filas, usar adecuadamente cada espacio, cada instalación, etc. justamente para poder seguir jugando, divirtiéndose; siendo la lógica del deseo, que dictaría algo como “si quieres jugar y divertirte, tienes que seguir ciertas reglas que te permitan disfrutar” A diferencia del goce que sume en la angustia, pues se pretende disfrutar sin bordes, lo que aparece es como en el sueño de angustia: una satisfacción tan intensa y directa de los deseos, es una pesadilla. De ahí que la sabiduría china advierta “¡Ten cuidado con lo que deseas!” así como reza la maldición gitana: “¡Qué se te cumplan todos tus deseos!”

 

Con lo cual se apreciarían dos posiciones: la de la casa en donde aparece la no corrección, sino la lógica de “me causas problemas, entonces vete, no puedo contigo” Pero he aquí que ha surgido una nueva respuesta: “mandarte al bosque”  Como ahora incluso se ha planteado con la construcción del nuevo estadio: los padres al estadio y los hijos al bosque. La cuestión elemental sería y ¿Cómo se piensa que regresen esos hijos? ¿Qué circuito perverso se ha instalado? ¿Hacer cosas para que mejor me envíen al bosque?

 

Cada sociedad tiene los ciudadanos que se merece, es decir, que produce, así que lo que apreciamos también en dichos comerciales es una muestra de las diferentes posiciones subjetivas tanto de padres e hijos. Finalmente ¿Qué problemáticas se producirían de tales cuestiones?

 

camilormz@gmail.com

 


[1] Citado por Freud (1905) El chiste y su relación con lo Inconsciente, pp.15. Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu, 2000

[2] (Cfr. Capítulo VII Sobre la psicología de los procesos oníricos. En Freud, S. (1900) La Interpretación de los sueños. Obras Completas. Buenos Aires: Amorrortu, 2000. Tomo IV y V.

[3] Witz es la palabra alemana con la cual Freud aborda las laberínticas relaciones entre los deseos y eso que se presenta en el humor, la gracia, agudeza, esas situaciones chistosas, jocosas. Cfr. Freud, S. (1905) “El chiste y su relación con lo Inconsciente” Obras Completas. Tomo VIII. Buenos Aires: Amorrortu.

[4] El día de hoy 15 de septiembre 2008, apareció en la prensa escrita en Monterrey, Nuevo León, México. Un fatal accidente en donde una niña pequeña perdiera la vida al saliera proyectada del parabrisas de un automóvil, debido a que su padre manejaba alcoholizado a exceso de velocidad., llevando a su familia. De ello podríamos decir que el no freno del padre para beber y manejar, es decir, la no regulación de su pasión por la bebida, le han hecho perder a su bebita. Por la bebida pierde a bebita. Como asalta a la vista entre bebida y bebita se produce un efecto de sentido metonímico. Que como bien dice la sabiduría popular “Estaba más presto para la botella que para la batalla” o también por la botella a perdido la batalla