¿Qué es ser niño hoy en día?

por

Camilo Ramírez Garza

 

 

Ante la barra de postres de un restaurante un padre con sus tres hijos les pregunta ¿Qué postre es el que quieren? Los más grandes se aproximan rápidamente a hacer su elección; el mayor elige pastel de chocolate, el otro nieve de dos sabores. Mientras el tercero, el más chico evidentemente, se queda paralizado viendo todo sin tomar nada. El padre se empieza a desesperar haciendo una y otra vez la misma pregunta ¿Qué vas a querer? ¿Qué vas a querer? Parece que ante más insiste su hijo más se inhibe. Me pregunto ¿y en realidad no sabrá que postre desea? Lo cuál me lleva a la siguiente pregunta: ¿Qué implica desear algo? ¿En qué se soporta y produce?

 

 

Una gran proporción de niños y jóvenes, diariamente, van de la escuela a la casa para rápidamente comer y posteriormente encaramarse al coche y peregrinar por diversas actividades extracurriculares: asesorías de matemáticas, ciencias naturales, clases de apoyo, artes marciales, fútbol, cuando no Tae Kuan Do y múltiples tratamientos psicológicos de todos sabores y colores. A pesar de pasar más tiempo en la escuela, lo extracurricular se espera que les dé “el plus” de la educación. Al tiempo en que van apareciendo “trastornos”, primero de atención, ¡No logra concentrarse en nada! –según dicen- Luego de conducta, del sueño, hasta finalmente el estrés y los trastornos digestivos (gastritis, reflujo, colitis, etc.,) consecuentes. Y como no se producirá estrés, si justamente hay una sobrecarga de actividades, un exceso de presión. En donde, paradójicamente, la solución es añadir una cosa más: que vaya, que tome, que asista a clases, especialistas, etc. Sin por ello atender el malestar que ahí se presenta.

 

Es en ese exceso de atención por los niños y adolescentes (salud, bienestar, derechos, etc.) donde aparecen campañas diversas que abogan por los niños y jóvenes. “Para que la droga no llegue a tus hijos” reza el desesperanzado slogan de la campaña del gobierno federal mexicano articulándolo con el de la inseguridad y crimen organizado. ¿No será mejor plantearse “que los hijos no lleguen a las drogas”? Lo cual nos plantearía ¿por qué alguien “llega” a las drogas? A diferencia de la pasividad en “para que las drogas no lleguen a tus hijos” como si los niños y adolescentes, y ultimadamente la gente en general, fuera tan tontos como para no buscarlas. Cuando el punto central es el placer que suscita en quién las consume. Que como todo exceso –exceso en las campañas y exceso en el consumo- apunta hacia un vacío.

 

El elemento en común entre los dos casos sería que mientras diversos personajes que debieran ser importantes (padres, maestros) en la inscripción del deseo en otro (hijos, alumnos) es decir, marcándole (conteniendo) a los niños y jóvenes respecto a qué es lo que se desea de ellos a partir de lo que uno desea, es que pudieran ver que “alguien” desea algo para el o para ella” dándole un soporte y constitución. A diferencia de la visión aparentemente democrática y libre de “haz lo que desees” que hace aparecer el goce sin freno, es decir la angustia. De ahí que no extrañe que la mayoría de los síntomas y trastornos tengan una expresión a nivel del cuerpo, como última frontera o borde en dónde apoyarse a fin de re-introducir una vivencia “real de carne y hueso” que “aterrice” la propia sensación de sí.

 

Pues cuando se descubre que mi madre y padre o mi maestro desean algo para mi, es en ese momento que empiezo a saber algo de mis referentes (ideas, valores, deseos, pensamientos, identidad, carácter, etc.) con los cuales poder circular, así como qué desear a partir de las respectivas restricciones. De tal forma que en el primer caso, el padre podría haber resuelto el problema del postre –perdiéndole un poco el respecto a la supuesta libertad de su hijo- diciéndole cuál es el postre que a él le gusta más o cuál es el postre que el “dice” que a el –su hijo- le gustaría. “Yo sé que a ti te gusta…” Posición delirante que a menudo solo una madre puede jugar en la constitución de un sujeto deseante, es decir jugando el enigma del nacimiento de un hijo: quién eres para mí, que lugar ocupas en mi deseo (como madre, padre, maestro, enamorado, gobernante, etc.)

 

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