Psicopatología del aula

Psicopatología del aula
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por

Camilo Ramírez Garza,

psicoanalista

camilormz@gmail.com

twitter: CamiloRamirez_

 

“…en su admirable biografía, Doris Lessing señala

que los niños siempre acosaron y, agrega, acosarán siempre.

Por lo tanto, la pregunta que siempre se impone no es:

pero, “¿Qué tienen, pues, nuestros hijos?”, sino “¿Cómo explicar que los

adultos y los profesores de hoy ya no sean capaces de hacerles frente”[1]

Paul Verhaeghe

 

“Cada vez que la psiquiatría avanza un poco, profundiza,

pierde de inmediato el terreno conquistado,

por el modo mismo de conceptualizar lo que era inmediatamente

sensible en las observaciones”[2]

Jacques Lacan, 19551

 

“Las medidas, pues –continuó él-, eran buenas en su clase y bien ejecutadas;

Su defecto estaba en ser inaplicables al caso y al hombre. Un cierto conjunto

de recursos altamente ingeniosos son para el prefecto una especie de

lecho de Procusto, a los que adapta forzadamente sus designios.

Así es que perpetuamente

Yerra por ser demasiado profundo, o demasiado superficial, en los asuntos que le confían, y muchos niños de escuela son mejores razonadores que él”

Edgar Allan Poe, La carta robada

 


Todo aquel que se dedique a la docencia, sabe, que no es para nada una actividad sencilla. Entre los alumnos, los directivos y los padres de familia, los docentes atraviesan un sinfín de problemáticas.


Enseñar, se decía hasta hace unos años, responde a una vocación, según su etimología, a un llamado. El llamado a ocupar el lugar y funciones del maestro, enseñar: dotar de conocimiento y formación para hacerle frente a la vida pública y laboral, siendo ejemplo, guía y modelo, eje fundamental del segundo grupo social amplio, después de la familia, en donde nos insertamos en este mundo. Dicha visión romántica, de las funciones del docente, soporte y guía de vida, ha sido reducida debido a las lógicas de la industria llevadas al campo de la educación, convirtiendo a los docentes en simples administradores y coordinadores de las labores en el aula. Por ello no es extraño encontrar en puestos administrativos a profesionales del ámbito de la ingeniería, concibiendo en paralelismo (¿Para lelos?) la docencia y los procesos industriales. “Los maestros ya no son más quienes contienen la angustia y dan forma a la educación, acompañando, siendo ejemplo para los alumnos, pues ellos mismos –los docentes- están insertos en una seriación operacionalización que los homologa y aplasta en su creatividad deseante; la misma que antes los singularizaba.


En vez de eso, ahora se les demandan labores administrativas, más del lado de la vigilancia y registros cuantificadores, que de la docencia; por lo que ahora sus funciones también comprenden un vasto llenado de requisitos: listas de asistencia diarias, semanales, mensuales, semestrales; listas de alumnos con dificultades y estrategias a seguir ante cada una; cartas descriptivas, instrumentos de evaluación, el estricto cumplimiento y apego a los programas en los tiempos determinados; listas de cotejo de cada una de las actividades, así como cada instrumento de evaluación a evaluar el cumplimiento de los objetivos durante cada clase; clases estandarizadas, presenciales o en línea, etc. La evidencia medible y cuantificable, el “santo y seña” de lo que se hace en el aula.[3]

 

Cuando se busca estandarizar u homologar criterios, lo que se produce es un solo y único marco referencial desde el cual se interpretará lo que suceda en el salón de clases. “Cuando contemplamos una imagen obtenida a través de un medio fotográfico/electrónico, nada parece interponerse entre nosotros y la realidad; nada hay que pueda obstaculizar o distraer nuestra vista. “Ver es creer, lo que significa que “lo creeré cuando lo vea”, pero también que “lo que vea será lo que creeré”[4]

 

Pretendiendo poseer a priori las coordenadas y sus interpretaciones se cierra el asunto sobre el sentido de lo que sucede, dar explicaciones, interpretaciones no abre preguntas, sino cierra cuestiones y moviliza pre-juicios. Algo que hemos definido como La psicologización y psiquiatrización del ámbito escolar, “La codificación psicológica y psiquiátrica del ámbito educativo, como “nuevas” coordenadas del tejido (clasificatorio) simbólico e imaginario con el cual situarse yabordar el ámbito escolar, por no decir la total existencia humana”[5]

 

Al estilo de ¿Qué debo de ver? ¿Cómo pensar esos casos? Y ¿Qué hacer? En donde la “búsqueda” de determinada evidencia funciona como delimitadora de lo que se “verá”. Algo que Michel Foucault trabajó a lo largo y ancho de su obra, respecto al surgimiento del sujeto sospechoso, cuando se produce un desplazamiento de lo que se hace o ha hecho, a juzgar el alma/mente de quien lo ha realizado: “…al inscribir solemnemente las infracciones en el campo de los objetos susceptibles de un conocimiento científico, proporcionar a los mecanismo de castigo legal un asidero justificable no ya simplemente sobre las infracciones, sino sobre los individuos; no ya sobre lo que han hecho, sino sobre lo que son, serán y pueden ser…se han puesto, pues a juzgar otra cosa distinta a los delitos: el “alma” de los delincuentes”[6] ciudadanos, alumnos, etc. etc. pues la biopolítica alcanza a todos, pues el trato a los criminales marca el horizonte de cómo serán tratados el resto de los ciudadanos.

 

Leamos los casos: los casos se leen haciéndose preguntas, siguiendo pistas, abriendo interrogantes.

 

Una maestra dice de una alumna de primero de primaria lo siguiente: “Esta niña –su alumna- tiene problemas psicológicos, pues cuando estamos en clases ella comienza a balancearse. Pone sus manos entre las piernas y se comienza a estimular y ya no hace nada”

 La maestra dice que se le figura que quizás hay que hablar con los padres, pues dichas conductas pueden ser reflejo de problemas en la casa, incluso de abuso sexual. Esta última idea le asalta a la maestra, pues en una ocasión la niña se orinó en clases y como usualmente –me dice- los niños que fueron abusados sexualmente presentan enuresis secundaria diurna, es decir, comienzan a orinarse durante el día cuando ya han logrado control de esfínteres, pues ese podría ser una señal. Veamos como una acción, puede tomarse como signo o como algo que no sabemos por qué está ahí, y hasta conocer otros elementos, esa acción cobra otro sentido. Por ejemplo, en este caso, la niña le dijo que no fue al baño, pues estaba jugando en el recreo y había mucha fila, por lo que decidió jugar y jugar y luego ir al baño a pasarse el resto del recreo haciendo fila para entrar al baño.

 

Le comento a la maestra que, como docente, si un alumno o alumna, en vez de escuchar mi clase, decide “balancearse” de la misma manera que su alumna, consideraría de entrada que algo pasa con mi clase, algo no anda bien, pues si en lugar de estar en la clase, alguien decide “hacerse rico” entonces la más elemental es que así a de estar la clase de aburrida, ¡Que no es interesante!

 

 Todo el que convive con niños de manera cercana, le ha sucedido ver que los niños se estimulan, sea con su rodilla mientras se balancean, con el brazo, esquina de la mesa, sillón, etc. De la misma manera que la pobre y afanada madre, descansa del trajín diario, de lavar y lavar, se recarga ante la temblorosa y “amorosa” lavadora, que dicho sea de paso, es una forma de “sentir algo” durante las labores del hogar, que la dejan muy cansada.

 

¿Ante esos casos que hay que hacer? Nada, si le incomoda a ud, quítelo/a, distráigalo/a con otra cosa, pero una cosa si tenga en cuenta, su hijo/a alumno/a ha descubierto algo que nunca le abandonará: el placer de la sexualidad auto erótica. La cuestión será en cómo se pasará del erotismo del cuerpo, al enlace con las palabras y juegos de conocimiento que se dan en la escuela, de ahí al juego al trabajo, etc. Pues si el erotismo, el placer, no tienen lugar en la escuela, ¿Cómo se hará para que a alguien le guste ir a la escuela? No es casualidad encontrar el amor en la escuela. Y no me refiero al abuso sexual de parte de un maestro/a, que podríamos considerar como manifestación de un amo primordial que no es guía como docente, sino toma control sexual del otro, sino de dar lugar al placer, a formas de relacionarse con el cuerpo de otra manera. En este caso específico: ni regañar, ni perseguir porque la alumna se balancea estimulándose con las manos entre las piernas que aprieta; sino seguir adelante con otras labores… en vez de “hacer el problema más grande” llamar a los padres, llevarla al psicólogo porque eso no está bien….

 

La maestra insiste, a pesar de que la niña no se presenta ningún problema, en que posiblemente su alumna fue abusada sexualmente por alguien (Más bien es muy abusada sexualmente, y a esa temprana edad!) y según la teoría, seguramente por alguien cercano, entonces hay que citar a sus padres, pero, estar advertidos que lo van a negar, entonces la negación misma se vuelve en sospechosa. La sugerencia ya es la trampa, como cuando una “bien intencionada” amiga le dice a la otra: “oye, y que tal si cuando tu novio te dice que va a x, lo que en realidad sucede es que va a…” la enunciación de la trampa ya hace aparecer la disparidad, el tono, en que se recibe la palabra, dimensión siempre presente.

 

Notemos como a partir de un rasgo (el balancearse estimulándose y el haberse orinado) se constituye el sujeto: “abusado sexualmente” pues a posteriori, según dicen las estadísticas, un síntoma de abuso sexual, puede ser ese, pero igualmente otros, el que sea. Pues los rasgos no forman sujetos. Al ver a detalle los rasgos nos podemos encontrar con que dichos síntomas pueden estar presentes en un sinfín de situaciones. Como aquel en donde a un alumno de preparatoria lo mandaron con el psicólogo escolar, pues se sentaba siempre atrás, vestía de negro y llevaba lentes obscuros, lo cual “llamaba la atención” de la maestra: “no vaya a ser otra cosa, un peligro” ¿Cómo un color y una ubicación pueden decir tanto de alguien? ¿Acaso los que se visten de colores claros (rosa, celeste, blanco) y se sientan adelante son “buenos”? Matematización moral de los colores: negro= negativo, malo, del demonio, etc, Blanco= positivo, bueno, paz… En lugar de haber notado eso: “Me llama la atención” y decirle, “oye que chidos lentes traes, que bonitos ojos tienes” etc. o algo por el estilo.

 

Después la maestra me platica sobre lo que ella hizo: nada: observó, detectó y canalizó. A menudo lo que el sistema escolar le sugiere al maestro, un tanto para no meterse en problemas” ante lo que sucede en el aula y la escuela, con lo cual se pierde la dimensión de lazo de aquello que sucede (dónde, ante quién, cómo, etc.) se descontextualizan los actos: se le quita lo humano a lo que sucede. Lo que habría que advertir es lo que “Decimos haciendo, y lo que hacemos diciendo”

 

Entonces la dejó hacer lo que estaba haciendo, no le dijo nada, pues quería primero consultarlo con alguien, pues no vaya a ser que se produjera un “trauma” mayor. Algo como la cómica referencia de no despertar a quien va caminando dormido, sonámbulo, pues no vaya a ser que se traume.

 

Algo que podría calcular –de cierta manera- cambiarle la jugada, pues efectivamente uno no va a la escuela a masturbarse, aunque ello puede tener quizás otras lecturas: la escuela es una masturbación mental a base de repetir y repetir y repetir sin sentido lo que se aprende. Una inscripción del cuerpo de otra manera, de placer, diversa a la inscripción del cuerpo-médico de los alumnos, ahora considerados pacientes (médicos, neurológicos, psicológicos, psiquiátricos) “Antidoping escolar” “expediente médico de los alumnos, etc. No es extraño, por ejemplo, que se presenten tantos síntomas clavados en el cuerpo (violencia extrema, asfixias, cortadas, laceraciones, golpes, bullying, anorexia, bulimia, etc.) justo cuando el cuerpo es una frontera a querer dominar y controlar: medicinas, salud, comida, bebida, drogas, etc.

 

En la respuesta de la maestra se puede apreciar un detalle de la excesiva información y supuesta profesionalización, los discursos “especializados”: maestros, padres de familia, etc. terminan por sentirse impotentes ante situaciones que otrora resolvieran de otras maneras: pretender producir una educación en paralelo a los procesos que tienen lugar en las industrias, se produce educación para lelos. De ahí la pertinencia de lo dicho por Verhaeghe “…la pregunta que siempre se impone no es: pero, “¿Qué tienen, pues, nuestros hijos?”¿Cómo explicar que los adultos y los profesores de hoy ya no sean capaces de hacerles frente (a los niños)?” Similar a lo relatado por una persona que ve a unos niños vecinos, de alrededor de 12 años, jugando “al doctor”, no les dice nada, sino plantea a su esposa la cuestión e ir al día siguiente a denunciar al DIF por acoso sexual, cuando ante lo que estaba era un juego, pero el miedo de “Bueno, pero no vaya a ser que de grandes se vuelvan unos violadores” apareciendo la referencia del violador/mal alumno/ asesino en ciernes, el sujeto peligroso del que habla Foucault, que surge en el s. XVIII.

 

 Es diferente interpretar a leer.

 

La interpretación es siempre sobre lo conocido, además tendiente al error. Como suele decir un buen amigo: “Los problemas de hoy son las soluciones de ayer”

 O lo que la clínica psicoanalítica plantea: “Si usted ha comprendido, seguramente está equivocado”… “Todo lo que en el comportamiento humano es del orden psicológico está sometido a anomalías tan profundas, presenta en todo momento paradojas tan evidentes”[7] “Lo comprensible es un término fugitivo, inasible, es sorprendente que nunca sea calibrado como una lección primordial, una formulación obligada a la entrada a la clínica. Comiencen creer que no comprenden. Partan de la idea del malentendido fundamental. Esta es una disposición primera, sin la cual no existe verdaderamente ninguna razón para que no comprendan todo y cualquier cosa[8] (Jacques Lacan, 1955-56)

 

Se comprende partiendo de supuestos ya dados, a través de los cuales se cree poseer una respuesta, pues el saber siempre guarda un vínculo con el poder[9] En dicho modelo de aplicación (llamémosle de prejuicio científico-médico-psicológico) se ve y hace lo que se conoce, entonces la realidad es la que se adecua a la teoría (como la cama de Procusto) a símbolos e interpretaciones a la manera de “X significa siempre Y” , como un diccionario del estilo de ¿Qué significa soñar con…?

 

 Como cuando se reduce una interpretación partiendo de un rasgo, como en este caso: Si la niña se orina o se masturba, entonces quiere decir que a) fue abusada sexualmente o b) tiene problemas psicológicos. Entonces no se aprecia el sentido, la lógica de lo que en verdad sucede: el objeto que la mueve a que haga tal o cual cosa, incluso puede que ese sentido a ella se le escape, esté como algo no-sabido, no pudiendo responder sobre el sentido, por ejemplo cuando le preguntan ¿Por qué hace lo que hace?...de ahí que eso Inconsciente (lo no sabido de lo que se dice y/o hace) puede investigarse mediante el método psicoanalítico tomando los elementos que el caso presenta: ¿Qué hizo? ¿Ante quién? ¿Cuál es la lógica deseante que lo empuja? ¿Por qué?...

 

 Lo que transforma el método psicoanalítico es pasar de la interceptación a la lectura de los elementos en cuestión, justamente buscar dar con el por qué a partir de seguir las pistas del cómo se presenta (Recomiendo leer Ramírez-Garza, C. ¿Qué es un síntoma? [10]

 

Por ello Freud planteó como el método analítico pedirle a los pacientes: “Hable ud de todo lo que se le ocurra, por más sin sentido y vergonzoso que le parezca” pedía Freud a sus pacientes. Justo para intentar desbaratar el aparato de engaño del pensamiento (el pensa-miento) posibilitando analizar (separar en partes) a fin de advertir el efecto de sentido y resonancia de cada elemento puesto en la relación de uno a otro. “Un significante es lo que representa al sujeto para otro significante” (Lacan) Como cuando surge: niña balanceándose +niña orinándose + no sé que hacer ante eso +el libro que leí +la charla a la que fui… = niña abusada sexualmente. ¡Si es una niña muy abusada sexualmente, tan abusada que disfruta de su ”juguete” nuevo en la escuela”.

 

Camilo Ramírez Garza,

psicoanalista

camilormz@gmail.com

twitter: CamiloRamirez_

 



[1] Verhaeghe, P. El amor en los tiempos de la soledad. Buenos Aires:Paidós, 2005. (2ª reimpresión) pp.87 y sigs.

[2] Lacan, J. El Seminario de Jacques Lacan: libro 3: las psicosis, 1955-1956. 1ª ed. 14ª reimp. Buenos. Aires: Paidós, 2006., pp. 32.

[3] Ramírez-Garza, C. Capítulo I: La psicologización y psiquiatrización del ámbito escolar. En Osorio, F., Del Campo, E., Ramírez-Garza, C. Ejercer la autoridad: un problema de padres y maestros. Buenos Aires: Noveduc, 2009.

[4] Bauman, Z. Miedo Líquido: la sociedad contemporánea y sus temores. Barcelona: Paidós, 2006, P.32

[5] Op.cit Osorno, F., Ramírez-Garza, C

[6] Foucault, M. Vigilar y castigar. México: siglo XXI, pp26 y sigs.

[7] Lacan, J. El seminario 3:las psicosis, Buenos Aires: Paidós, p. 17.

[8] Op.cit. Sem. 3 Las psicosis, p. 35

[9] Cfr. Foucalt, M. El saber y las formas jurídica, Ed. Gedisa.

[10] Lacan, J. El seminario 23 El sinthome, Buenos Aires: Paidós, p.40.