Padres y maestros en fuga

por

Camilo Ramírez Garza

 

A menudo padres de pacientes me hacen preguntas acerca de lo que “deben” hacer al respecto de una situación particular con su hijo o hija: es mejor hacer esto o esto otro; cuál es la llamada de atención correcta y efectiva, el castigo idóneo, la disciplina a seguir, en última instancia, ¿Cuál es la forma adecuada de educar a un hijo, a una hija?...o cómo interpelaría Jacques Lacan ¿Qué es ser padre?

 

En la actualidad, más que en otros tiempos, existen demasiadas nociones sobre el conocimiento especializado, los expertos y especialistas abundan. Que dar una opinión desde el sentido común pareciera una acción imposible, pues habiendo tantos expertos habría que preguntarles a ellos. De ahí que uno de los efectos del conocimiento especializado, la impotencia del resto. Que en el caso de la función paterna y docente se mantiene la ilusión de que se requeriría más información para elegir estrategias más idóneas. Cuando se obvia lo esencial: ¿Quién es ese –hijo o alumno- para mí?  Para después plantearse: ¿Cómo me las voy a ingeniar para sacarlo a delante? Pues todo maestro y padre es un tipo de amo, un tipo de autoridad, de autor creador.

 

Freud decía que regularmente cuando se discuten temas sobre física o ingeniería nadie duda en ceder el uso de la palabra a los expertos, pero tratándose de psicología todos opinan, pues todos somos capaces de construir ideas respecto a nuestra vida, el humano, la sociedad, lo divino, lo político,  etc. En sentido más elemental, todos poseemos una psicología en tanto todos hacemos psicología desde el momento en que buscamos e interpretamos nuestra realidad circundante: todo Yo es delirante, pues construye conocimiento, sentido.

 

El problema actual (la llamada declinación de la función parental) que afecta a maestros, padres, ¡A toda figura de autoridad! es la de pretender dar lo que el otro quiere y no lo que necesita. Que esa es más bien la lógica que organiza el mercado: decirle al otro lo que debe hacer (desear, comprar, ser, preocuparse, etc.) Que esté a gusto y conforme, como un cliente o usuario más. En vez de que sean –en el caso de la educación- el esfuerzo y las frustraciones las que vayan ejerciendo su influencia en el aprendizaje de responder a las consecuencias de los propios actos.

 

Pareciera que la educación actual es una educación sin consecuencias, pues algunas de ellas se consideran peligrosas o violentas; los maestros y padres ya no encaran los problemas, sino que se des-implican gracias a los discursos “especializados” ¿Será el cerebro? ¿Tendrá TDAH? ¿Será una cuestión genética? Llevando al sujeto a hacerse a un lado de toda responsabilidad de sus actos bajo la bandera de la “baja autoestima” “los problemas emocionales, psicológicos”, neurológicos, genéticos, etc. No digo que las dificultades no existan, ¡claro que existen! Pero precisamente por que existen en un contexto particular (ante alguien) es que se deben atender ahí donde surgen, en la casa y en el aula, y no remitir todo a “otros lugares” Y no me refiero solo al hecho de referir al el especialista (psicólogo, neurólogo, genetista, etc.)  para que desde su fantasía (la del maestro y del padre y madre de familia) el especialista “arregle todo” y devuelva a un alumno aplicado que haga las tareas, ponga atención en el salón, tienda su cama, respete a sus mayores, cumpla con las labores del hogar, no tenga miedo, siga las reglas, sea crítico ante la vida, etc.

 

¿Qué es lo que le daría usted a su hijo o hija? ¿Lo que el o ella quiere o lo que necesita?¿Qué haría usted, estimado lector, lectora, para formar hijos que aprendan de sus experiencias, que puedan ser independientes, que se las puedan ingeniar con la vida, incluso cuando usted ya no esté? ¿Qué es lo que usted, padre, madre, maestro desea para esos niños y jóvenes que tiene ante usted? ¿Cómo se las arreglará usted para, aún y contando con la orientación de un especialista, encarar la educación de su hijo o alumno de una manera activa, proponiendo algo? Pues incluso, con presencia de dificultades psicológicas, neurológicas o genéticas, la influencia que se puede ejercer desde la experiencia familiar y docente es vital para salir adelante.

 

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