El deporte, la imaginación y sus retos

 

 

 por

Camilo Ramírez Garza

 

Practicar una actividad deportiva, ya sea ésta de esparcimiento o diversión; con características amateurs o profesionales, imlica, por un lado, preparación en la técnica a ejecutar, como diversos objetivos.

 

Dichos objetivos orientan al deportista hacia metas claras y definidas: ganar, destacarse entre los participantes. Vincent Lombardi, famoso coach de football-americano decía que ganar no era lo más importante, sino lo único. Ciertamente, como objetivo siempre está presente en quienes se encuentran “luchando” en una competencia, aún y en aquellas denominadas de exhibición o amistosas. De tal forma que la técnica de ejecución, mencionada anteriormente, tendría que modelarse en el deportista a fin de lograr los objetivos planteados: ¡Ganar!. Ya sea para calificar para un torneo, para una olimpiada, pasar a la siguiente ronda eliminatoria, o simplemente por diversión, un domingo por la mañana.

 

Dicho objetivo, aunque se expresa fácil y lógicamente: que la técnica tienda hacia resultados efectivos, es decir “ganar”; ya en la práctica no lo es tanto. El desarrollo de dichas habilidades de ejecución técnica: el cómo hacerle, el método, se va adquiriendo y moldeando por diferentes procesos. Estos poseen cada uno su grado de complejidad. A continuación se describen algunos de las implicaciones en dicho aprendizaje:

 

A) LA IMAGEN COMO ANTICIPACIÓN: los deportes, las profesiones y ocupaciones... -por no decir las actividades humanas en general- poseen cosas en común, una de ellas: el ser humano por su carácter de inmadurez, posibilita experiencias de aprendizaje a partir de que otros las realizan. Por la observación de un cuerpo, o de varios cuerpos realizando una actividad, por ejemplo un deporte, bailar, las modas, inclusive la adquisición del lenguaje mismo, etc., se realizan a partir de que se ve y escucha a otros. De tal forma que las personas, en principio, deciden qué emprender a partir de haber visto a alguien realizando dicha actividad. Pareciera que ese deporte, esa actividad eligió a la persona, cautivándola, encantándola. Haciéndole “verse”, e imaginarse anticipadamente a sí-misma realizándola. Es cuando aparecen en los niños (y en los no tan niños) dichos como: “Yo soy... p.ejm. Tigre Woods, Bekcham, Ronaldiño...” (los modelos cambian de tiempo en tiempo y de actividad en actividad, cada quién utiliza distintos, sea de deporte, o de trabajo de oficina)

 

 

 

B) EL AJUSTE DEL CUERPO: ahora, el trabajo es que el cuerpo, lo que se piensa y desea, tienda a ajustarse con la imagen que se adquirió y que se vaya moldeando por la retroalimentación de la propia ejecución y la de los demás, así como por lo que se escucha de parte del entrenador, etc. En ese sentido muchas personas que se habían decidido a realizar una actividad deportiva, advierten que aún y que se hallan imaginado realizándola, al momento de emprenderla pierden el interés. Ya sea porque se desesperan en el ajuste de la técnica en ellos y por ende no “ven” resultados inmediatos, como también, al darse cuenta del esfuerzo que implica. En pocas palabras es fácil imaginar muchas cosas sin tanto esfuerzo, sin embargo ante la realidad del cuerpo y de la disciplina que se requiere invertir, se abandona. En tiempo de olimpiadas, todos queremos ser deportistas, un domingo cualquiera, por la mañana, difícilmente muchos.

 

En este punto parece que, actualmente más que antes, el esfuerzo se considera de otras formas. Cambios de imagen instantáneos, sin mucho esfuerzo; modificaciones del cuerpo casi sin batallar (batalla, lucha, contienda). Sin embargo cualquier persona que haya practicado un deporte, pasando de forma paciente (aún y cuando la desesperación se haga presente) y arduamente desde su aprendizaje básico, entrenamiento, hasta cierto dominio o maestría, sabrá que el tiempo y el esfuerzo conjugados con su persona, su vida, son elementos que hacen difícil determinar en días, meses, años, cuándo se sabrá realizar algo: sólo realizándolo se sabrá.. En ese sentido, de alguna forma las criticas que algunos deportistas realizan hacia ciertos comentaristas estarían justificadas.

 

C) CULTURA, CONTEXTO, PREJUICIOS: si le preguntáramos a alguien (así como muchos chistes que existen, en donde el Mexicano siempre gana por ser “ocurrente” o “chilero”) ¿quién ganaría en x deporte, un mexicano o un norteamericano, alemán...? La respuesta casi siempre es clara. O por otro lado ¿cómo entender que ahora los equipos de fútbol incluyan arduamente el entrenamiento de penaltis?, ¿Cómo olvidar aquellas imágenes de nuestra selección mexicana frente Alemania, EUA...? etc. por mencionar algunas.

 

Como estas bromas, las imágenes de la derrota  -“lo apenitas”- pareciera que tienen su sombra puesta en el deporte nacional mexicano. Por ello deportistas, como Hugo Sánchez, Raúl González, Soraya, Ana Gabriela Guevara, la maratonista Challito (quién además combina sus actividades deportivas con la venta de periódicos en el DF), Eduardo Nájera, -entre otros- sorprenden tanto, pues rompen los modelos, “LAS IMÁGENES” que

 

anticipan la derrota, los segundos lugares, lo difícil que es abrirse paso, patrocinio... etc. O simplemente, el pensar que las habilidades y el éxito son solo de unos cuántos.

 

Y como la imagen que se tiene de sí-mismo moldea lo que se consigue en la “realidad”, es que la persona puede tender hacia la adquisición de habilidades y desarrollo de técnica, así también dichas imágenes  pueden “atrapar” al deportista haciéndolo encontrar efectivamente los resultados que no quería. Muchas veces sin advertir que en el camino fue poniendo los medios para lograr “eso”, que al final no le agradó. Atribuyéndole –en algunas situaciones- su “derrota” a factores de otro tipo, que pareciera nada tienen que ver con él o ella: clima, arbitraje, referees, equipo, entrenador... (Ciertamente cada uno de estos elementos participa de alguna forma)

 

En ese sentido la cultura, el contexto, funciona en ocasiones como prejuicio. Juicios anticipados (como las imágenes de verse a sí-mismo), previos a emprender alguna actividad deportiva. Por ejemplo en nuestra ciudad, se ha escuchado muchas veces que jugadores de fútbol no quieren venir pues se hacen mediocres. Al parecer algunas cosas están cambiando desde hace algún tiempo, acerca de como se percibe el deporte local en particular y los deportistas mexicanos en general.

 

Pasando a otras imágenes en donde los medios de comunicación: la Internet, televisión, etc. van moldeando una cultura global. Las fronteras deportivas, así como los modelos se van compartiendo de diferente forma. Anteriormente, se podía asociar casi instantáneamente un país con ciertas habilidades para realizar un deporte específico, por ejemplo: Cuba,  baseball, atletismo; Rusia, levantamiento de pesas y lucha; EUA, atletismo, gimnasia, clavados y football-americano; Canadá, gimnasia; Polonia, gimnasia; Alemania, football; México, fútbol, box y lucha libre, etc. Ciertamente las condiciones culturales y climatológicas participan en la predilección de un país por un deporte en particular. Sin embargo hemos visto la fuerza de las imágenes que anticipan en alguien, que cautivan, para decidirse a realizar un deporte. Por ello se puede ver desde hace algún tiempo a jamaiquinos compitiendo en trineo en olimpiadas de invierno, mujeres jugando football, box, basketball, billar, etc., gente de clase media y baja jugando golf, tenis, deportes que se suponían exclusivos, personas con diabetes escalando montañas, llegando más alto que muchos otros, gente de la llamada tercera edad realizando deportes extremos, etc. Dichos modelos se multiplican. Mostrando que los límites son relativos a las IMAGENES. Están ahí, sólo se requiere tomarlas. Con su respectivo costo de esfuerzo, dedicación, desgaste, tiempo, dinero... (n)

 

 

 

Así, tenemos que las imágenes que anticipan  y orientan la adquisición de habilidades para realizar algo, en el caso un deporte, interactúan en un cuerpo, al cual ha de habituarse a diversos movimientos. Aprendiéndolos  desde diversas estrategias: la observación, imitación, retroalimentación del entrenador, compañeros... así como las que la propia persona va desarrollando, creándose un estilo que, a la vez que es compartido -pues así se ha adquirido- logra desarrollarse individualmente en dicha persona. Así, la técnica y ejecución de la misma, varían de una persona a otra, de ahí lo grandioso y amplio del deporte.

 

Por otro lado la cultura forma parte del contexto que dota al deportista de imágenes que van formando su identidad. Al mismo tiempo que le permiten saber algo acerca de ¿quién es?, En ocasiones lo atrapan, dificultándole el desarrollo presente. Sin embargo es posible que el deportista (re)construya en su hacer otras formas de identificarse y de que lo identifiquen tanto individual como colectivamente, obteniendo resultados distintos, ¡mejores!

 

Monterrey, 7 de julio 2004