Apuntes de CONFERENCIA: Del noviazgo de manita sudada al free

Por

Camilo Ramírez Garza

 

En esta ocasión pasamos a otro formato de conferencia: la conferencia escrita para ser leída. No sin molestias, por supuesto, pero con el interés de seguir adelante.

Se me ha informado que se han cancelado las actividades que venimos realizando desde agosto del año pasado todos los lunes; que como parte de las medias tomadas por la influenza, lo cual es paradójico y altamente productora de sospechosísimo, como diría el desaparecido de la esfera política mexicana, Santiago Creel, la secretaría de educación  ha cancelado las reuniones durante al menos el mes de mayo.

De antemano agradezco a quienes me no han abierto las puertas de la biblioteca “Fray Servando”. Esperamos que pronto se restablezcan las condiciones para continuar con nuestras charlas de los lunes en la Biblioteca Central. Pues ya no se trata de condiciones de higiene y reclusión,  ya se ha vuelto a la escuela, a centros de trabajo y diversión, sino de continuar con las medidas de higiene básica. De lo contrario, seguramente encontraremos otros espacios para continuar nuestra labor. Después de todo, nos hemos planteado una lógica de transmisión del psicoanálisis que sea itinerante, en el sentido de ir escuchando y reconociendo las diversas expresiones que la cultura nos ofrece, por lo que estaría en la misma línea, en algún momento dado, cambiar el espacio de exposición, desplazándonos a otros lugares.

En esta ocasión planteamos como temática dos  formas de relación: el noviazgo, ese de manita sudada y  el free.

Al hacer referencia al noviazgo, entendemos como tal aquella relación entre dos personas que inician sus quereres partiendo de una pregunta y una respuesta: “¿Quieres ser mi novia/o/@...?” Si, no, después te digo, etc.

“De manita sudada” es una expresión coloquial con la cual se hacía referencia al hecho de no llegar a disfrutar de las delicias de los besos y abrazos de mayor intensidad, sino hasta mucho después, por lo que había que vivir frustrado/a ansiando y fantaseando quien sabe que cosas.

Decir que una relación es entre dos personas plantea varias paradojas: de entrada toda relación nunca es una relación estrictamente de dos, es decir, puede ser de más personas si se trata de que alguien ponga el cuerno, o esas cosas. Pero me refiero a un aspecto imaginario en donde no hay relaciones puras de uno a uno, sino de muchos con muchos. Al hecho de los humanos para poder experimentar y vivir la realidad tenemos que crearla vía la imaginación, es decir, hacerla ficción. De ahí que el otro, su ser y su cuerpo tengan que ser integrados en una fantasía, a fin de poder percibirlo, fantasía que intente responder a quién eres, qué haces, qué te gusta, quién soy para ti, etc.

Recuerdo a medias una película con este actor gringo de “Duro de matar” Bruce Willies y Michelle Michel Pfeiffer, de las primeras, si no es que la primera que hizo gatúbela en Batman. En esta película que recuerdo a medias, aparecían en la cama ellos dos, la pareja, pero después se les unían sus padres, quienes les decían cosas a cada uno y después se peleaban entre ellos; quedando seis personas en la cama, todos hablando y discutiendo. Ello podría no agotarse ahí y seguir desplegándose cual árbol genealógico, los padres de los padres, los abuelos, los padres de estos, los tatarabuelos, etc. En la imagen aparecen dos, seis, catorce…pero de lo que se trata es de decires: lo que dice la madre y el padre, lo que dice ella, él…referentes que van dando forma tanto a las maneras en las que se discute, en las que se dialoga, confunde, embrolla, resuelve… dando cuenta de los efectos de enmarañarse que tiene el lenguaje.

Eso que Lacan planteó como “No hay relación sexual”

En donde el cuerpo del otro es fantasmatizado, es decir, introducido en una fantasía, para así poder entrar en relación con él; imagen que termina por nunca ser “la cosa perfecta y directa” que se supone que es el otro.

El noviazgo, ese de manita sudada, de vueltas en sentido contrario en la plaza, ha dejado de ser un referente sobre como vivir las relaciones entre personas que suponen que se aman. Seguramente en otras partes del país dicho modelo sigue operando, pero al hablar de esto hoy, pienso en las ciudades como la nuestra en donde se pretenden tejer las relaciones en base a ciertos modelos que en occidente son predominantes, por ejemplo los de Hollywood: nos gustamos, estamos juntos, al aparecer las dificultades entonces nos dejamos.

Cosa interesante, ahí deberíamos de ir a buscar los referentes que se ofrecen como elementos identificatorios sobre como ser, como verse, que decir, como enamorarse, como pelearse y contentarse, en el cine, las series y novelas que día a día van arrojando nociones que construyen lo mismo el cuerpo, que los deseos que se inscriben en él (las pulsiones) los discursos, las palabras y expresiones con las que hablamos.

Por su parte el free como su nombre lo indica, es “libertad” se plantea una relación libre, pero ¿Libre de qué? ¿De gérmenes?....Libre de compromisos y ataduras. Personas, sujetos, humanos que se relacionan sobre una base medio “valemaditrista” -en parte. Puede ser también centrada en sí mismo: lo que se quiere, desea, necesita, aparentemente se desea a alguien pero sin lo problemático de ese alguien: su demanda y deseo de exclusividad, sus celos, defectos, lo que quiere, piensa, desea, hace, etc.

Se quiere tener una relación libre en donde aparentemente nada ni nadie condicione nada, no hay novios ni novias, por lo tanto se plantea que no hay que hacer ciertas cosas que se espera que un novio y una novia harían, como… puede ser…veamos…. ¡Joderse la existencia, perder el instante! ¡Quejarse de lo que no se tiene, en lugar de buscar las maneras en que se suscite justamente eso que se desea!

Los hay desde los encuentros furtivos en donde la pasión y el goce se concentran en un solo instante, sin volverse a ver jamás, a los habituales que se reducen al encuentro sexual, en donde cual fast food que se compra de camino para saciar el hambre, la búsqueda del otro se reduce a concertar una cita con un pene o agujero, como si fuera una especie de Disneylandia sexualis, en donde se pide y ofrece al otro el ahorrarse sus historias trágicas, solo centrándose en lo “bonito” de hacerse rico

La ilusión que sostiene a los “free” consiste en  desear siempre gozar y gozar, creer que perdiendo la formalidad del noviazgo de manita sudada y no se diga el pesado papel del matrimonio legal y el sacrosanto rito de las nupcias de iglesia, entonces se libra el lastre del peso de la rutina, del día a día, de los celos, las exclusividades, del riesgo,  de ser de cierta manera medio a güevo, tener que….estar, hablar, vivir, sonreír…entonces se piensa que la novedad y lo espontaneo de la relación se han esfumado y que casándose entonces todo será mucho peor; el anillo y el lazo solo son instrumentos que simbolizan la tortura que aguarda a la vuelta del “si, acepto”. Entonces el tan tan ta-tan, tan tan ta-tannn se torna melodía fúnebre….!!!  Camino hacia la muerte amorosa.

Por eso lo que se debe hacer es centrarse en sí, buscar gozar siempre, darse el lujo de tener relaciones y terminarlas cuando se quiera, no batallar, que no haya límites.

Entonces se piensa que se estaba mejor andar quedando, que ya ser novios. Así como se piensa que  se estaría mejor, no solo con López Obrador, sino con la novia/o/@ con quien nunca se llegó a nada, o con cualquier otra/o paladín de la justicia amorosa- Y que para salvar dicho efecto aletargante de las relaciones de noviazgo entonces hay que ser libres, sin memoria ni pasado: verse, gustarse, salir, hacer lo que sea, pero que desaparezca cuando se esfume el interés.

Lo cual es curioso, pues parecería que lo que hay en las relaciones como el free es siempre gozar el instante presente, mientras que en las otras solo hay pasado y futuro, se puede apreciar en los reclamos: “Es que antes hacíamos…” “Al inicio tu me decías…y ahora”  “Me gustaría que volviéramos a ser como antes…” En ese sentido las relaciones tipo free podrían ser tomadas como un síntoma de las relaciones de noviazgo, es decir, si las relaciones de noviazgo y matrimonio han perdido el instante presente, surge entonces un tipo de relación que hace de su centro justamente el gozar en el presente.

Ello de entrada plantearía no solo ver al free desde una posición moral que con flamígero dedo señala y pretende dictar como hay que vivir,  enamorarse, etc. que lo ve como una degradación de los valores de la familia, la sociedad, la vida amorosa, etc. Sino como un efecto de lo que dejó de tener lugar en los noviazgos: la novedad, el instante.

El planteamiento aquí sería lo contrario, situándonos en la pregunta ¿Qué es lo que el free expresa del malestar social para vincularse amorosamente? ¿Qué es eso asfixiante del noviazgo, digamos clásico, que el free lo hace posible? Y viceversa ¿De qué pata cojea el free? –y no es albur- es decir, ¿Qué es aquello que insiste y aparece en el free? A pesar de pretender una relación libre,  en el free, en donde aparentemente cada quien hace lo que quiere y  al menor reclamo se dice “¡No somos nada!” que termina apareciendo una y otra vez, mostrándonos que eso de lo que uno intenta huir, termina alcanzándonos. Como los muertos vivientes de las películas de terror, no importa el rigor mortis y cuan rápido corran sus potenciales victimas -regularmente atletas- siempre terminan  alcanzándolos y comiéndoles los sesos.

Además ¿Qué es eso que se pierde en el free que termina produciendo otro síntoma, digamos, otra relación? Puesto que si decíamos que el free es un síntoma del noviazgo, que expresa cierto malestar del mismo, además que retoma algo que empieza a estar ausente en el otro. Entonces ¿Qué efectos producirá el free?

De entrada al centrarse el free en el hecho de tener siempre que gozar, pretendiendo descartar la frustración y el esfuerzo tanto en el aquí y ahora como desplegado hacia el futuro, se cancela la posibilidad de esperar, por lo tanto de la esperanza, no se desea esperar nada, pues como se teme frustrarse, también ilusionarse, por lo tanto no hay ilusiones, ni planes. Se plantea una cuestión de mercado en donde el consumidor-usuario no tiene una relación exclusiva con nada ni nadie, solo referente el momento del intercambio comercial: dame lo que pido.

Decir que en un free se está pensando a largo plazo, comprar una casa, hacer vida juntos, sería contradictorio. Lo cual no descarta la posibilidad de que lo que inició como un free no se convierta en otra cosa, lo mismo que el noviazgo. Pues el punto aquí no es si se llama “noviazgo” “matrimonio” “free” sino de lo que tales relaciones plantean y muestran para quienes participan en ellas, que nociones, que problemáticas…¿Qué implica amar hoy en día?

Si partiéramos de la pregunta básica ¿Para qué sirve el noviazgo? Además de  para cumplir un deseo, estar con quien se está enamorado/a, que no es poca cosa. El noviazgo es para conocerse, digamos para saber no solamente como es la otra persona, sino como soy-siendo con el otro. Incluso más allá, cómo se puede ir siendo-cambiando, ajustándose a los cambios de la pareja, no solo porque siempre se puede cambiar, sino porque de lo que se enamora es una ficción milagrosa que es un corte en el tiempo, formado de lo que se supuso, deseó e imaginó, como de lo que la otra parte mostró, lo cual no quiere decir que vaya a ser para siempre así, pues no somos seres estáticos, sino somos-siendo.

Dicha expresión -el noviazgo es para conocerse- aunque parezca obvia, no lo es tanto, pues a menudo se pretende evitar el riesgo que implica no solo conocer al otro, como decíamos, sino conocerse como es uno con el otro. Entonces se empieza a ser muy políticamente correcto, partiendo del imposible y latoso supuesto de lo que la otra persona desearía escuchar, recibir, tener… el miedo (anticipatorio) es que conozca ciertas cosas  mías y que no quiera estar conmigo. Ambas partes puede que hagan lo mismo: se tratan con pinzas, todo es cuidado, atención que no deja de tener su encanto, pues se considera al otro, lo que dice, lo que hace, lo que desea:”Si, pásale; después de ti; con permiso, por favor; muchas gracias, ¿te molesta si te llamo a esta hora o a esta otra?; ¿qué opinas de…? ¿Estaba pensando si te gustaría…? De hecho son más preguntas que afirmaciones. Quizás el otro, y por que no decirlo también, yo mismo, disfrutamos los efectos de la suspensión temporal de mi terquedad, con sus opiniones únicas, cerradas, absurdas…para finalmente abrirse y experimentar el trato no con una extensión de mis propias necesidades, quejas y peticiones, sino con un ser que tiene vida propia, lo mismo que ideas, deseos, intenciones, etc.

El noviazgo y el free comparten algo, de hecho son casi lo mismo, solo que en las formas cambian, lo enmascaran o muestran de maneras diferentes, el free revela de manera desvergonzada eso que siempre ha estado ahí en  las relaciones amorosas: el egoísmo; que todo trato con el otro implica su sometimiento en cierta manera, aunque solo sea a las imagen que se tiene del otro; la relación sexual, una masturbación donde el cuerpo de l otro desea sentirse en el propio, porque ¿Acaso se puede sentir en otro lado?

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