CUENTOS Y PSICOANÁLISIS

 

Camilo Ramírez Garza

 

 

Recientemente se ha estrenado la película “Cuentos que no son cuentos” (Bedtime stories, EUA, 2008) del director Adam Shankman, estelarizada por el extraordinario actor de tragicomedia Adam Sandler. El titulo en español –“Cuentos que no son cuentos”- dista mucho de expresar el sentido de la expresión Bedtaime stories: cuentos que se relatan en la cama antes de dormir. Con la traducción se cae en un error al considerar que son cuentos que no son cuentos, es decir que caen en la categoría de lo falso, sentido que se comparte con la noción inglesa de stories (narraciones fantásticas que son falsas) opuesta a la de history (narraciones sobre hechos verdaderos) Lo cual sería inadecuado pues la History también es una storie, en tanto que narración, conjunto de descripciones, sentidos e interpretaciones que no se construye ni plasma de manera pura, como decir “eso es lo que  en verdad sucedió”, pues todo intento de hacer historia –no solamente en los cuentos- es una fantasía, parte del deseo y puntos de vista de quien la cuenta, consecuente con lo ha expresado por Michel Foucault referente al estrecho vínculo que posee el saber con el poder. Como dice la sabiduría: “La historia la cuentan los que ganan, los poderosos” p.e. la historia oficial.

 

La película muestra algo que siempre ha estado ahí: que los cuentos no son exclusivos de los niños, son contados para todos. Quien cuenta el cuento no solo “regala” una narración a otros, sino que también lo escucha. Es decir, “recibe su mensaje de manera inversa” (Jacques Lacan) Skeeter Bronson, el personaje de Sandler, toma de los vericuetos y malestares de su cotidianidad laboral los elementos para construir los relatos de los cuentos que narra a dos de sus sobrinos. Por lo tanto dichos cuentos parten de la frustración y el deseo, es decir, giran entorno al amor. Dando vida al plebeyo, lo mismo que al gladiador, al luchador intergaláctico, etc. todos y cada uno desvalorizados, infravalorados, hechos a un lado, pero en el cuento triunfó, logró vencer al favorito del Rey y así granjearse los favores de una bella dama. Lo mismo que se plantea en los comerciales de unas galletas de chocolate, cuando alguien grita: “¡Guardias, a la hoguera!

 

A través de sus propios relatos que son dichos a otros va advirtiendo algo que creía perdido, además va dando forma a la realidad, pues “La realidad posee la estructura de una ficción” (Lacan) Es decir, eso que llamamos “realidad humana” no es más que otra ficción en donde las palabras van tejiéndola desde lo más general (historia humana, país, nación) a lo más particular (familia, persona) la tradición oral, la memoria, las religiones, la historia, las artes: los dichos, cuentos y canciones, el conocimiento, la ciencia y tecnología, los documentos y leyes que intentan regir y estructurar nuestra existencia, darle forma a lo real de la regulación instintiva, perdida desde hace ya tiempo. De ahí que las diversas mitologías y literaturas sean tan actuales, pues siguen diciendo algo a los humanos sobre sus diversos dramas: el amor, el poder, la ley, la vida, la muerte, el deseo, el bien y el mal.

 

En ese sentido los cuentos son ficciones que logran expresar -¡y con mayor fuerza!- ciertos sentidos de nuestra realidad, como por ejemplo, el hecho de poner nombres y apellidos en lo cuentos, de acuerdo a ciertas características de los personajes: la bruja mala, la bella durmiente, el caballero Lamebotas, el príncipe azul, el hada madrina, el genio de la lámpara, etc. , mismo origen de los apellidos: se nombraba en base a la procedencia paterna, al lugar de residencia o a alguna característica u oficio, sistema posterior al totemismo, cuando los diversos grupos consideraban su procedencia de algún animal totémico, preludio y germen de las deidades, otorgándole lo sagrado y temido, la regulación de las relaciones (sexuales, de convivencia, sagradas) con los otros grupos.