DESEO, CINE Y PSICONÁLISIS

 

 

Camilo Ramírez Garza

 

 

¿Cuál es el objeto del cine? ¿A qué se debe su incesante encantamiento? “No hay nada natural o espontáneo en los deseos humanos. El cine es el arte perverso por excelencia, no solo te dice qué desear, sino como hay que desearlo” (Slavoj Zizek, The Pervert´s guide to cinema)

 

Recientemente un comercial de una tienda departamental cierra su publicidad solicitando la visita de cada comprador diciendo: “porque sabemos lo que quieres” Tomando la pregunta en toda su seriedad absurda, ¿Y cómo es que lo saben? ¿Quién se los dijo? ¿Acaso leen los pensamientos? Y en el caso de que alguien se los haya dicho, ¿Quién fue?...Obviamente lo que se subyace a esa actitud de excesivo saber sobre los deseos de cada quién (actitud paranoizante en tanto que el Otro sabría realmente algo sobre mi) es que al igual que el cine, que no nos adivina sobre lo que deseamos, sino que nos dicta qué hay que desear (moldea la realidad) el mercado tiene la misma lógica: hacer creer que lo que ofrece no es una orden: ¡Compra! ¡Goza! sino una respuesta a lo que los consumidores, usuarios o clientes, desean. Pero nunca es así, puesto que atrás quedaron los tiempos en donde los objetos que se ofrecían respondían a una, dos o tres necesidades y punto, para dar paso a la invención de múltiples e infinitas “necesidades” articuladas estratégicamente (vía el miedo, la seguridad, la belleza, el poder, la felicidad, etc.) para que surja el deseo, dando la sensación de que siempre han estado ahí, es decir que se trata de algo natural y espontáneo, cuando más bien se trata de una ficción: hacer creer que saben algo de lo que se desea, y en ese juego, introducir el deseo.

 

Si entonces los deseos se pueden instalar vía el mercado, ello nos plantearía la cuestión sobre la naturaleza misma del deseo ¿Son los deseos ficciones? para intentar responder al menos provisionalmente, desde un punto de vista psicoanalítico se plantea que el deseo humano parte de una alienación necesaria –como la misma existencia- requiere de un reconocimiento del gran Otro (cultura, Dios, padres, etc.) a partir del cual se irá instaurando ¿qué y cómo desear qué cosa? Al tiempo que se da un pasaje del organismo regulado por los instintos (reacciones reflejas) a la construcción de un cuerpo, en base a la inscripción del sujeto en la cultura, haciéndose sujeto del lenguaje.

 

Dicha afectación del cuerpo –por la imagen y el lenguaje- a la que debe su existencia se mantendrá durante toda la vida, dando la sensación de incompletud (nunca se está pleno, cerrado, acabado, satisfecho, etc. sino momentáneamente) Pues el humano está en constante devenir, de ahí que los deseos sean un barril sin fondo, pues habiendo perdido toda regulación instintiva, ¿qué es entonces eso que lo regulará? El lenguaje, por un lado, y la lógica de la imagen, por el otro; p.e. surgiendo el cuerpo erógeno. Nuestro cuerpo queda afectado por la imagen especular (ese otro, el semejante, el reflejo en el espejo) al que igualmente se ama y también se odia. Piensen en esa idea de la autoestima como variante de eso que el otro hace y dice, puede hacer que de eso dependa que suba o baje la autoestima, como si se tratase de un índice de cambio y cotización del mercado, cuado la pregunta más elemental sería ¿Y cómo es que se está atado a la que otro diga y muestre sobre lo que se cree que es yo?

 

Cuando Freud planteó que las neurosis estaban en relación con la sexualidad, no se refería solamente a la mera función de los genitales, sino al amor, y principalmente a algo traumático en el humano: al no haber regulación instintiva que indique que hay que hacer, decir, como comportarse en ese sentido, cómo ser hombre, cómo ser mujer, etc. la sexualidad se convierte en algo obscuro que debe de inventarse. Y es justamente dicha búsqueda, que más bien es la invención de un artefacto, la que lleva a las paradojas, los callejones sin salida y atolladeros, que plantearán, ¿qué es lo que deseo?...habrá quien se oriente por lo que el mercado, la estadística, esos índices de masas con los cuales igualmente se intenta regular y prescribir lo que se debe y no hacer, la normalidad, etc.

 

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