Causalidades Humanas

 

por

Camilo Ramírez Garza

 

En nuestro contexto actual gustan mucho las explicaciones neurológicas y genéticas -no se diga las estadísticas- sobre lo humano; si acaso como un intento de matematizar su diversidad, principalmente sus dificultades. Vemos desde lo micro de la familia y la escuela, a padres y maestros impotentes ante las problemáticas que su función les requiere, codificar psicológica y psiquiátricamente en términos de trastornos lo que sus alumnos e hijos hacen, con lo cual la diversidad (el sentido de lo que cada acto singular desea expresar) es usualmente homologado en una sola explicación, que hoy por hoy gusta mucho: el trastorno por déficit de atención; el trastorno desafiante, depresión y ansiedad, trastornos alimenticios, etc. Y demás membretes por el estilo de los manuales como el DSM en cualquiera de sus versiones.

 

Se les describe como trastornos multifactoriales. Lugar común que dista mucho de aportar algo; tanto como los grupos multidisciplinarios en donde convergen diversos especialistas para “estudiar” un solo caso, movidos más por una tolerancia y democratización de los objetos de estudio, que según lo políticamente correcto, debiera imperar en las comunidades de investigadores. Cuando el verdadero problema es que no hay quien integre lo multi-factorial, puesto que no hay forma. Terminan imperando visones médico-estadísticas.

 

Tomemos el caso de la llamada “depresión” Membrete que intenta administrar en parámetros que tanto alguien debe de sentir tristeza; se dice que es leve, moderado, severo, en función de la intensidad y del tiempo que se ha vivido con dicha tristeza. Que sus causas son neuroquímicas. No dudo que el cuerpo a nivel de organismo sufra cambios y que estos puedan ser registrados y medidos, ¡estamos en la lógica de la medición de variables, operando con el cuerpo como si fuera una máquina! ¿Qué acaso no era ese el ideal de Galileo? ¿De Descartes y Bacon? ¿Controlar la naturaleza a partir de conocer las leyes que rigen dicha res extensa?

 

Pero decir que el trastorno neuroquímico es la causa me parece muy pretencioso, un absurdo, pues dicha transformación en los procesos de producción, almacenamiento y recaptura de un x neurotransmisor no es más que efecto, y como diría Sócrates, partícipe, de lo que el sujeto, en tanto ser hablante, experimenta en su vida (alegrías, malestares, proyectos, sueños, aspiraciones, desgano, tristezas, etc.) Pues todo el cuerpo, y en especial el cerebro, funciona mediante el mecanismo de plasticidad, gracias a lo cual el tejido se trasforma, por ejemplo realizando nuevas conexiones en base al nuevo aprendizaje significativo, el cual parte del empuje que la cultura, ese medio artificial que los humanos hemos creados y que a la vez nos constituye. Es gracias al lenguaje, que la cultura humana, con toda su diversidad crea realidades. Si lo humano quedara únicamente explicado por el mecanismo orgánico (nutricional, neurológico, genético, etc.) que soporta dicha diversidad  habría algo fundamental que no se estaría reconociendo: cómo el cuerpo y comportamiento humano, su sentir, desear y sufrir, están organizados por las leyes de un lenguaje particular en íntima relación con el deseo, donde lo que hacemos y sentimos, incluso al nivel más elemental, el celular, posee un sentido de mensajero, ¡nos intenta decir algo sobre nosotros!

 

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