Bullying: nuevo fenómeno de exclusión

Titulo de la mesa: BULLYING: EL ACOSO POST MODERNO

 

Conferencia presentada durante el 1er Congreso Internacional sobre Conflictos y Violencia en las Escuelas. "La decadencia de la Autoridad" 

8,9,10 octubre 2009. Buenos Aires, Argentina

 

 

 por

Camilo Ramírez Garza*

 

“Los niños siempre acosaron y

siempre acosarán”

Doris Lessing

 

En la arena del mundo somos tigres y leones.

nacemos con las garras bien afiladas.

No hay nadie que no tenga agudos colmillos,

disposición para la lucha, talento innato…

Daga es la mano, proyectil el puño,

flecha incendiaria y venenosa es la lengua

y látigo los dedos que abofetean.

 

José Emilio Pacheco

 

Bullying

Actualmente se habla de Bullying, también llamado acoso escolar, incluso se utilizan los anglicismos buleador, aquel que maltrata y agrede, física o verbalmente a un compañero de clases, y buleado, aquel que padece, directa o indirectamente, la agresión. Quedando así identificados los polos: agresor y agredido;  víctima y victimario.

Se le utiliza  preferentemente para nombrar las agresiones que tienen lugar dentro de los planteles educativos o en relación con los vínculos que se suscitan en ellos, como es el caso del cyber-bullying el cual se lleva al contexto de la inagotable e irregulable red, la internet, tomando por objeto de burla a algún compañero, maestro o directivo, posteando una foto o video y abriendo una ventana para comentarios.

Recientemente la noción de bullying también se ha empleado para referirse a las agresiones que acontecen dentro del ámbito empresarial o de cualquier oficina, bajo la noción  de mobbing[1] o acoso laboral, moral o de trabajo. Quizás no se llama bullying porque quienes acosan en la oficina no quieren ser tildados de “niños que molestan a otros” ¡Por favor, somos adultos, necesitamos nuestros propios conceptos que describan lo que agredimos por envidia, celos o coraje!

Vemos que  la noción de bullying se ha ido transmitiendo a diversos ámbitos sociales, surgió en la escuela pero va permeando otras estructuras de convivencia.

 

Podríamos decir, de entrada, intentando abordar algo del sentido que introduce la noción de Bullying, que éste solo existía en EUA, y que a América latina, como al resto del mundo, ha llegado como producto de importación. Por lo que una de las tareas a investigar consiste en seguir las pistas al surgimiento y transmisión de dicha noción,  en tanto elemento significante de algo que sucede en el ámbito escolar, parte de la estrategia de lo que hemos nombrado  Psicologización y psiquiatrización del ámbito escolar, el cual “…consiste en el proceso de codificación de lo que el niño o joven –e incluso el adulto- hacen y dicen, de acuerdo a coordenadas de medición, diagnóstico y tratamiento psicológico, neurológico y/o psiquiátrico. Donde cada cosa que acontece debe de ser codificada en términos (variables, rasgos) presentes en un trastorno[2]

 

En México, hasta hace algunos años existían todavía, en el ámbito escolar, las burlas, algunas jocosas y divertidas, como la carrilla, el carro, las madreadas, la botana, los apodos, etc.[3] hasta las bromas pesadas. Sin embargo éstas tienden a desaparecer ante la noción única de bullying  o de violencia en general.

Si antes los alumnos buscaban defenderse de quienes los agredían, darse a respetar mediante la reciprocidad en los insultos y golpes, formas de integrarse al grupo, ahora tales actos son adscritos a una cierta “psicopatología escolar” denominada conductas bullying, en donde a “victimas” y “victimarios” se les excluye mediante esta nueva clasificación, poniéndolos en la mira de necesitar tratamiento médico y/o psicológico. Quizás en unos años, a la lista de especialistas que son consultados por recomendación de la escuela, médico psiquiatra, psicólogo, psicoanalista, psicopedagogo, neurólogo, se añada el genetista, así como el ingeniero genético, como un exceso del deseo preventivo de erradicar anticipadamente eso intolerable.[4] Transformándose así el lugar de alumno en paciente, y el de la escuela en pseudo-clínica de salud mental.

 

Dicho pasaje puede apreciarse en el remake de una película mexicana clásica del género de terror,  dirigida originalmente por  Carlos Enrique Taboada Hasta el viento tiene miedo[5]

La trama original tenía lugar en un instituto femenino – con lo angelical e inocentemente demoniaco que puede tener dicho lugar y personajes, un lugar lleno de señoritas adolescentes- dirigido por una rígida y estricta maestra. En el pasado una alumna se ha suicidado aventándose del campanario. En la versión más nueva,[6] el instituto es sustituido por un hospital psiquiátrico, así como el lugar de la directora y alumnas, en psiquiatra y pacientes, respectivamente. Juntas todas, en vez de tener clases, tienen sesiones de psicoterapia grupal. Justamente en eso se han convertido algunas escuelas, los maestros y alumnos, en buscar la sintomatología y referir para su curación. Con lo cual asistimos a la suspensión, cuando no a la desaparición total, de la educación y la docencia como las conocíamos; ahora, regida por otras lógicas más del lado de la industria y el hospital, que da la escuela y la docencia.

 

En esa misma línea, se han producido otros excesos: el sobre diagnóstico de Trastorno por Déficit de Atención, bajo el cual, como cajón de sastre, se incluyen un sinfín de problemáticas de diversa índole, desde aspectos dificultades académicas como de disciplina. De tal manera que la noción de niños chiflados, mal portados, que simplemente requieren límites en casa y escuela, ha dejado casi de existir[7], para dar lugar a un solo sujeto: el alumno con TDAH, cuando no trastorno con conducta oposicionista y desafiante, depresión y ansiedad, adicciones[8], entre otros.  Produciéndose una verdadera “persecución” por el “bien” de los jóvenes.

 

He de señalar que el problema no radica en el diagnóstico en sí mismo, sino en su exceso, pues en el caso de lo psíquico, los diagnósticos constituyen lo mismo que querer medir el agua o tatuar el humo, son formas de darle forma a algo, el problema es creer que se está retratando la realidad, cuando más bien se le está creando.

Al acomodar experiencias tan diversas bajo un mismo diagnóstico, la diversidad que produce la intersubjetividad se ve aplastada en unas pocas nociones, el caso único se pierde ante el aplastante universo estadístico, que describe, codifica, diagnostica, y lo que es peor, plantea un tratamiento igualmente único para el niño o el joven. Dicho formato es el modelo de muchas dependencias gubernamentales y privadas.

           

Sucede lo mismo en el caso de los asesinatos masivos en las escuelas, eso que irrumpe cruentamente en la escuela, pareciera la única posibilidad de hacer escuchar un clamor, algo que no llegó a ser, del orden de lo no realizado. Pero lamentablemente no es escuchado por el exceso de diagnósticos psicopatológicos antes y después. Con lo cual eso que se quería manifestar, el centro del asunto en juego, cae en el olvido. Y todos sabemos que sucede con eso que es rechazado en el orden simbólico -como diría Jacques Lacan- reaparece en lo real, con más ímpetu, con más fuerza.

           

El problema no radica solo en el diagnóstico, sino en las nociones mediante las cuales se intenta codificar algo de la experiencia, siempre diversa y única, entre el docente y su alumno, organizando las causas, los efectos, así como las medidas a tomar, en última instancia van moldeando la manera de ver y considerar a alumnos y maestros, su lugar y funciones, normativizándolos.

 

Cuando se plantea que las agresiones que acontecen dentro de la escuela tienen que ver con una sola tipificación como es el bullying, entonces se le quita a todas esas agresiones su singularidad, sus detalles, su sentido, incluso a aquellas que son catalogadas como bullying, a partir de lo cual dichas problemáticas, su sentido y contexto, así como lo que pudieran enseñarnos, son desvinculados del ámbito donde surgen (ante quién, cuándo, cómo, por qué, etc.) se “interiorizan” a la manera de un trastorno donde el maestro, los padres y la escuela quedan fuera, incluso el mismo niño y joven quedan enajenados de su propio problema y responsabilidad, a partir de ello se impide que respondan por sus actos, pues “el problema” está en el cerebro cuando no en los genes, o en un universo psicológico (patrones de conducta, ciclo de la violencia, etc.) que parece inalcanzable por la influencia del docente y los padres del alumno.

 

Si por otro lado, la noción del bullying es inscrita en la de la victimología de los cuentos estrechos donde solo existen “buenos” y “malos”, los derechos humanos, “la víctima y su verdugo”, historias simples y huecas donde parece ser más el desfogue condenatorio su objetivo, entonces no estaremos advirtiendo su sentido, es decir, su anudamiento, el lazo entre quienes ahí convergen y se implican: quien da algo y recibe igualmente algo ante las miradas de quienes solo cuantifican los datos, delimitan, depuran y correlacionan variables, a fin de pretender hacerlas desaparecer “oportunamente” mediante una actividad preventiva, por demás patética, que en primera instancia da risa a quienes ahí conviven bajo esos formatos: golpes al cuerpo como registro en lo Real de ese otro, especular, como una cierta insignia con un dejo de nostalgia que se resiste a olvidar a ese gran Otro, rememorándolo por otras vías (cuerpo) demandándole que finalmente haga algo.

¿Qué está en juego?

 

Lo que subyace y atraviesa a la noción de Bullying quizás podamos encontrarlo en diversos aspectos, desde el inherente deseo y pulsión humanas por dominar al otro, al semejante, esa otredad, -o podríamos decir mejor yotredad- imposible, maldita, que según se dijo, es un infierno; así como gozar con su desgracia aunque ésta sea auto-infligida,  agresividad que se precipita por la imagen especular, el otro, el lugar del malestar, en donde localizar lo feo, lo pobre, lo malo, etc.  Esos que imaginariamente portan en el cuerpo, aquello que otros suponen ajeno, dándoles la ilusión de ser perfectos.

 

Que se presente en la escuela no es un signo y síntoma de que algo anda mal en el joven o niño, sino es síntoma de un suceso social más amplio: expresión de las clásicas tensiones entre los “fuertes” y “débiles” sea por su aspecto físico, ajustado a los criterios de fortaleza-debilidad; fealdad- belleza; de poder económico: pobreza-riqueza; normalidad en la moral, en la forma de pensar y de vivir la sexualidad…los “loosers” en todas las áreas y de todas las edades, que a nadie le gusta ver ni tratar, y que son discriminados. Esos que para otros otorgan imaginariamente la sensación de perfección y superioridad. Los súbditos y los reyes, las estrellas y los fans.

            Al considerar el Bullying como un suceso universal se le adjudican causas y sentidos. Cuando los golpes e insultos en la escuela son, para muchos, parte de la integración al grupo, una forma de afecto y placer posibles, de disfrute sobre el otro. Dice la sabiduría popular que “Del odio al amor solamente hay un paso”

 

¿Cuál es el placer que se experimenta al golpear o dejarse golpear con las palabras o los puños? La burla y los chistes apuntan hacia una debilidad del otro siempre compartida, esa debilidad de la cual también se participa, y que por ello se siente su mirada, por eso se ríe y odia. Quizás la cura, si se puede hablar de tal, implique reconocer en lo extraño de la vida (el cuerpo y el sufrimiento; lo incomprensible de sí-mismo y la otredad) las propias miserias, flaquezas, debilidades; la fealdad, desgracias y pobreza, reflejadas desde el otro, de las cuales uno no advierte. En ese sentido, cuando alguien pega o dice algo sobre otro, eso que dice y hace es compartido. Al divertirse y gozar atacando a otro, se ataca y daña a eso propio. La sabiduría popular ya lo había mencionado desde hace mucho: “Recuerda que cuando señalas a alguien con el dedo índice, cuatro te señalan a ti”

 

Si decíamos que el amor y el odio son dos caras de la misma moneda, entonces preguntamos ¿Es el bullying el único amor posible en la escuela? Incluso yendo más allá, ¿Son aquellos golpes que un esposo u esposa dirige a su cónyuge, la única pasión (afecto) que le puede otorgar? ¿A qué se pega cuando se pega? ¿Qué se mata cuando se mata? Interrogantes que apuntan hacia la búsqueda del sentido del golpe, del insulto, del ataque al otro, ¿Por qué el otro me es molestamente peligroso? que no es más que otra forma de vincularse con lo “aberrante” no reconocido de sí mismo: algo veo en ti que me mira y me señala, por eso debe de ser atacado, acabarse, morir.

Si se asume que Yo también participo, en cuanto que humanos todos, sujetos a los mismos avatares de la fealdad, la flaqueza, el sufrimiento, la debilidad, la pobreza e ignorancia, en se sentido, el alíen, el extranjero, el raro, el diferente, es también el amadodiado más próximo a sí mismo: el propio Yo.   ¿Por qué será que para algunos alumnos es más placentero estar insultando o golpeando a otros, en vez de lo “interesantísimo” de las clases?

 

Tipos y efectos

Se plantea que existen al menos ocho modalidades de acoso escolar: bloqueo social, hostigamiento, manipulación, coacciones, exclusión social, intimidación, agresiones, etc.

Hace algunos años entrevistaron a un alto empresario, director de una de las principales cámaras de industriales de México, respecto a su visión sobre el proceder del crimen organizado. A lo que contestó, palabras más palabras menos, que al ser un negocio ilegal se regía por medidas igualmente ilegales, no teniendo garantías obrero patronales que manda la ley, como nivel de sueldo, prestaciones, seguro social, liquidaciones justas una vez que se da el despido, y que por ello cuando no requerían ya a alguien simplemente lo mataban; “Claro que en algún momento uno también siente ganas de hacer eso, para quitar a alguien del camino, pero no se puede hacer, pues vivimos o pretendemos vivir en un estado de derecho”, comentó.

 

Ahora, retomemos las ocho formas o tipos de ejercer el bullying: bloqueo social, hostigamiento, manipulación, coacciones, exclusión social, intimidación, agresiones, etc. ¿Qué tenemos aquí, sino el directorio no escrito, pero reconocido, del obrar de más de una empresa y gobiernos? ¿Que acaso no son el bloqueo social, el hostigamiento, las coacciones, la exclusión social, la intimidación y las agresiones, las “armas” con las que los adultos emprenden su trabajo, los “valores” de la libre empresa? No será más bien que dichos “problemas” que se presentan en la escuela responden justamente a la formación para la vida pública y laboral del futuro estudiante, donde se plantea que hay que aniquilar al oponente para triunfar, para tener éxito.

Con su contraparte para las víctimas, por supuesto, quienes también aprenden que pese a su debilidad física y/o habilidades para desafectarse mediante la palabra, cuando no con los puños, pueden “ser siempre inocentes” si se colocan siempre en ese polo pasivo desde donde incluso pueden hacer y deshacer, ejercer aún más violencia que la que alguna vez han recibido,[9] pues las víctimas son siempre inocentes, en este mundo de la imposición de la tolerancia.

 

El bullying, como acoso postmoderno, no solo consiste en un retorno al cuerpo a la manera de un simple organismo, humanos en serie, sino quizás el único amor posible, en donde el detrimento de lo simbólico, podríamos decir de una existencia poética, que se suscita en la carencia y la frustración que aviva el amor y el deseo, que permite elevarse por encima del consumo, de la inmediatez de los sentidos, de la desafectación del insulto o el golpe, lo mismo que por la vorágine de comprar y comprar, fundando vidas desechables, cuerpos sin alma, amor y deseo, usuarios en vez de sujetos, en donde incluso el golpe va dejando de tener su carácter pasional, de lazo y demanda al otro, una respuesta, un abrazo, para convertirse en golpe puro, sin sentido ni referente, acto violento desencarnado, de ahí que duela tanto, que aterre y ancle en el dolor sin sentido.

 

Al preguntarnos ¿Qué es lo que se pega cuando se pega, cuando se insulta, cuando se mata? Devolvemos al simple acto en serie de las clasificaciones y estadísticas, su carácter humano, singular y evanescente, eso que se dice haciendo. Es entonces cuando quienes ahí participan pueden recoger los efectos de dicha experiencia en el contexto de la agresividad constitutiva de lo humano: qué significa, qué me quiere decir, qué me plantea, que voy a hacer, etc. en donde los actos son experiencias de lenguaje, revelan sentidos, mensajes cifrados en la carne, en los puños.

 

Extiendo un cálido agradecimiento al Lic. Fernando Osorio, Daniel Kaplan, Andrea Kapla, por la invitación a participar en dicho congreso, así como por todas sus atenciones durante el mismo. 


[1] Acosar, hostigar, acorralar en grupo.

[2] Osorio, F. (compilador) Ejercer la autoridad: un problema de padres y maestros. Buenos Aires: Noveduc, 2009. Capítulo I. La psiquiatrización y psicologización del ámbito escolar.

[3] Todas ellas son formas de juegos de lenguaje en donde se resaltan defectos de alguien, a fin de hacerlo objeto de las burlas, y así producir la risa en los oyentes, no siempre compartido por quien recibe las bromas. Aquí (en argentina) sería “cargando o jodiendo a alguien”

[4] Un ejemplo en el cine de dicha anticipación extrema lo podemos encontrar en la cinta de Spielberg Minority report EUA, 2002) en donde unos videntes, jueces paralelos, hacen que se arreste a personas por crímenes que cometerán en el futuro. Con lo cual se produce lo que se desea evitar o se constituyen inocentes con culpa, ésta última jugada biopolítica por excelencia.

[5] Hasta el viento tiene miedo (México, 1967) Carlos Enrique Taboada

[6] Hasta el viento tiene miedo (México, 2007) Gustavo Moheno

[7] Esto se aprecia más al norte de México, en ciudades como Monterrey el área metropolitana.

[8] ODD por sus siglas en inglés. Lo  raro, lo extraño (odd) es que dichos adultos hayan olvidado cómo hacerles frente.

[9] When she was bad, de Patricia Pearson es un texto que plantea ese reverso de las “victimas” por excelencia, las mujeres y los niños, en como estos al ser colocados a priori en la inocencia por del discurso políticamente correcto, pueden ejercer una violencia aún mayor, más sutil y calculada, que la padecida.