El BIOPODER

por

Camilo Ramírez Garza


“¿Qué hace que  la política de la vida termine

por acercarse inexorablemente a su opuesto?”

Michel Foucault

 

En diversos noticieros y programas a nivel local, nacional  e internacional, va siendo costumbre contar, entre sus personal, con médicos que comenten diversos tópicos sobre salud (enfermedades, prevención, recomendaciones, etc.) desde la consulta telefónica ante una contingencia, p. e. el brote de un virus como la influenza, primero porcina, luego AH1N1, hasta capsulas informativas en radio y televisión sobre temas variados. Pero ¿Qué es lo que dicha información articula más allá de la “buena intensión” de informar sobre el cuidado de la salud? ¿Cuáles serían las lógicas más allá de los temas de salud, que estarían introduciendo en la vida político-social, al estilo de lo que el psicoanálisis revela, y Marx expresó con la frase “No lo saben, pero lo hacen”, con ideas de limpieza, desde “De manos limpias” “Limpiemos México” “Antidoping escolar” defender un estatuto jurídico natural de uniones macho-hembra? ¿Cómo se manifiesta el biopoder en nuestros días? ¿Qué lógicas de los campos de concentración de Hitler, permanecen hoy y atraviesan nuestras instituciones y nuestras formas de vivir?

 

 Tendrán dichas “estrategias inocentes” algo que ver en la desaparición de la noción de “vida digna” que debiera garantizar el Estado a sus ciudadanos, promoviendo condiciones mínimas de bienestar (salud, trabajo, educación, vivienda, vestido, alimentación, esparcimiento, etc.) esas que supuestamente alcanzan  con “el salario mínimo”, por no decir miserable, por la noción biopolítica de “calidad de vida” que permite “internalizar”  el conflicto social, ver pacientes ahí donde hay ciudadanos, haciéndo asunto de salud, dominio de médicos, psiquiatras, psicólogos y de algunos psicoanalistas; des-localizando los malestares de su contexto político-jurídico-económico-social. ¿ Por qué será que en México –como en muchas partes del mundo- un asunto social-político se convierte en asunto de salud, de salud mental, cerebral, genética, ¿será para que goce la industria farmacológica? desnudando al sujeto de aquel cuerpo que le ha constituido: “el cuerpo, regalo del lenguaje” (Jacques Lacan) la dimensión jurídica y política, como el caso en donde a personas que sufren secuestro y/o extorsión, o balaceras en su casas, se les busca atender reduciéndolas a pacientes, incluyéndolas en categorías psicológicas o psiquiátricas. O en los tantos casos de maestros que son reducidos a “pacientes nerviosos” en lugar de relacionar sus problemas de salud con las condiciones de su contexto docente (clima laboral, relación maestro-alumno, impacto y transformación de la docencia por las nuevas formas de organización administrativa más acorde a las empresas que a las instituciones educativas, la labor del magisterio, etc.) así como con las políticas públicas en materia educativa. Luego los programas como el antidoping escolar, la persecución “por su bien” de que comen y que porcentaje de grase tienen los alumnos. Así como las pruebas de confianza (pruebas psicométricas) a diversos servidores públicos, no de alto nivel, nunca de alto nivel, sino tránsitos y policías. Lo que se plantea al tener médicos en el staff informativo (recordemos que el anterior Papa, Juan Pablo II, tenía al Dr. Joaquín Navarro-Valls, médico-psiquiatra y periodista, como vocero) no solo es “por el bien de la salud” sino por lo que el biopoder da al lugar de la medicina no solo en su campo, sino trasladando el“halo de poder” a lo que los canales noticiosos (info-tenimiento) intentan presentar como verdad: tomando de la enfermedad y su diagnóstico médico el un cierto carácter de incuestionabilidad, en donde lo humano, lo diverso, jurídica-simbólica y políticamente es reducido a lo Uno, al zoo, el campo animal, hecho simple organismo a “curar”.

 

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