LA SABIDURÍA POPULAR[1]

 

Camilo Ramírez Garza

 

 

La sabiduría popular es un saber que circula a través de dichos, adagios, refranes, chistes, etc. por todas esas formas de jugar con las palabras que Freud nombró bajo la palabra alemana Witz, que se refiere a lo gracioso, el humor, lo mismo que a la agudeza  “poner el dedo en la yaga” de manera alusiva; jugar con los sonidos y sentidos del lenguaje para poder tratar lo intratable, eso que se resiste a ser dicho de manera directa, pues no hay forma, no hay palabras que agoten o pretendan decirlo todo, decir lo innombrable sobre el amor, el deseo, la vida y la muerte. Por eso disponemos de la desmaterialización de la palabra: la música, el silencio, el grito y el llanto, así como la experiencia más encarnada de el body modification, el uso de sustancias, los llamados trastornos alimenticios, etc. que tocan directamente el cuerpo, diciendo lo indecible (a-dicción, literalmente, “lo no dicho”, tanto porque no se sabe, como porque no se puede decir. “El sujeto sabe, pero no sabe que sabe” proponía Freud, refiriéndose al saber del Inconsciente que se articula y presenta en los síntomas, los sueños, los lapsus, los chistes…y en todas esas producciones del alma popular.

 

De ahí que tengamos las artes: esas actividades de exploración y reinvención creativa, fuera de las lógicas de control y medición cuantitativa que operan en las ciencias y tecnología, insertas en los mercados. Que se sirven de diversas vías que tocan al cuerpo, el silencio, los sonidos, los matices de colores y materiales, de palabras con las cuales tejer la ficción llamada experiencia humana, mostrarnos algo sobre el deseo, la vida y la muerte; de en qué nos hemos convertido.

 

La sabiduría es un saber hacer. Diferente al conocimiento que se adquiere en las instituciones socialmente acordadas para la formación de los estudiantes, las escuelas. La sabiduría implica una experiencia de vida. Podríamos decir que en las escuelas se puede generar sabiduría siempre y cuando dicha actividad de aprendizaje se apropie en una experiencia de vida, es decir que lo que se enseña y aprende en las aulas se lleve más allá de los solos límites del aula, des-elitizar y des-acartonar el conocimiento, hacerlo experiencia. Igualmente en el campo de la fe podríamos diferenciar la experiencia mística: experimentar a la divinidad en la cotidianidad; de la experiencia religiosa: unirse a un determinado credo, autoridad, rito. (ver. María Zambrano “El hombre y lo divino” México: Fondo de Cultura Económica)

 

La sabiduría está en relación con los deseos y la experiencia de vida, con el arriesgarse pretendiendo buscar algo, prestarse a perderse, a jugar rodeando, aunque no se sepa a priori qué se desea encontrar, ni qué se quiere, ni por qué, sino más bien desear dejarse encontrar, tomar por algo que atrape; seguir las pistas pero estar atento y dispuesto a seguir otros caminos si así el rumbo deseoso lo indican.

 

La sabiduría implica espontaneidad en la búsqueda más que con la planeación y la eliminación de las contingencias, lógicas bajo las cuales se pretende estructurar nuestra cotidianidad: que no pase nada, que no se salgan de control las cosas, eliminar los errores, los desfases, que todo pueda programarse, calendarizarse, etc. De ahí que el miedo y la seguridad sean tan explotadas como estrategias para mover a las masas: introducir un producto, campañas políticas, consultar de opinión, políticas públicas, etc. Con la ilusión de que “el peligro” y “el riesgo”  pueden evitarse, prevenirse.

 

Si la sabiduría parte de una experiencia y no de algo programado, es de dicha experiencia de donde provendrán los indicios, las pistas que permitirán sopesar y discernir lo que ha implicado a atravesar dicha experiencia. “Acrisolarse”, “foguearse”, son expresiones que evocan el fuego que funde los metales a fuerza de duros golpes del mazo del herrero, y que igualmente se refieren a pasar por la experiencia, atravesar peligros y pruebas; por su parte “curtirse” implica un cambio de piel por efecto de recibir algo de afuera que transforma la noción de sí, hace un cambio de posición.

 

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[1] Ramírez-Garza, C. (12, 11, 2008) La sabiduría popular. El Porvenir/Cultural, p.3