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Psicoanálisis Itinerante

 

 

Antes de 1895 el cuerpo y el psiquismo eran conceptualizados de manera plana; fuera como organismo (conjunto de células, tejidos, sistemas y aparatos) o como pensamiento conciente (psicología de la conciencia, paralelismos psicofísicos, etc.) no había lugar para las paradojas de la subjetividad, del deseo y del amor.

 

Fueron las grietas y fallas que introdujo la histeria, un padecimiento donde eso del cuerpo no se comporta como simple organismo descrito por la biología, trastocando las nociones anatomofisiológicas del mismo, lo que planteó a Freud que el cuerpo y el psiquismo son textos en los que se puede leer “algo”

 

“Nuestros enfermos de histeria (neuróticos) padecen de reminiscencias. Sus síntomas son restos y símbolos mnémicos”[3] Saben, pero no saben que saben” –exclamará Freud.

 

Los síntomas en la histeria le fueron dando –no de manera simple, sino a través de intentos, fallas, pruebas, fracasos y constataciones por diferentes métodos[4]- las pistas para su desciframiento. Dirigiéndose simultáneamente hacia los sueños, los olvidos, errores y lapsus, así como hacia el Witz[5] Encontrando similitudes entre cada uno de ellos: todos poseen un sentido cifrado. No en la “profundidad” del Inconsciente, sino en la superficie del texto que los hace discursos.[6]

 

Por lo tanto la labor del psicoanalista es la de un cierto lector de “eso” (al. Es, Ello decimos en castellano) que se articula en lo Inconsciente, que como bien ha dicho Jacques Lacan, “…es un saber estructurado como un lenguaje

Lenguaje cifrado, que manifiesta un sentido sobre lo que se vive, lo que se desea y sufre.

Quien emprende un análisis se encamina a la experiencia de poder advertir no solo el por qué sufre de lo que sufre -decifrar lo que le aqueja- solucionar un problema, dos, tres, cuatro... sino conocer más ampliamente las ideas, nociones, imágenes, referentes, palabras...que le han constituído como persona a lo largo y ancho de su vida.


 

[2] Citado en Verghaeghe, P ¿Existe la mujer? De la histérica de Freud a lo femenino en Lacan, Ed. Paidós, Buenos Aires, 1999, pp.9

[3] Freud, S. Cinco (1910) Conferencias de introducción al psicoanálisis. Obras Completas. Ed. Amorrortu, Buenos Aires, 1999, pp.13 y sigs.

[4] En dicha búsqueda Freud probó de todo con sus pacientes, desde las curas del campo en aquellos asilos apartados, versión antigua del actual “spa”, sobre alimentación, magnetoterapia e hidroterapia, hasta la hipnosis, la catarsis, la sugestión, casi rayando en la amenaza  (“Si para mañana a esta hora no logra recordar…”) la imposición en la frente, el cuestionamiento tesonero, hasta que finalmente le pidieron guardar silencio, y, entonces pudo encontrarse con eso que llamó “compulsión a asociar” a lo que dará el nombre de Asociación Libre.

[5] La palabra alemana Witz, tiene una significación amplia, se refiere no solamente a los chistes, sino al humor y lo gracioso, a la agudeza, el ingenio y lo cómico; diríamos en términos compartidos, “las madreadas” “ocurrencias” “puntadas” “carilla” “burlas” que ponen “el dedo en la yaga” produciéndonos verdaderos ataques de risa, así como aquellos dichos agudos que con ingeniosos juegos de palabras (como en los refranes) se muestran de manera velada, sugerida, las verdades, como “Entre broma y broma…la verdad se asoma”

[6] Al inicio (tiempo de la catarsis y la su concepción sobre el trauma) dice Freud, partía de resolver cada síntoma, posteriormente se abandonó a escuchar lo que la superficie del discurso del paciente le iba ofreciendo en cada sesión.